En Ignacio Zaragoza, México, un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrió ocho entierros antiguos junto con 47 vasijas de cerámica durante trabajos previos a la construcción del Tren de Pasajeros México-Querétaro.
Los hallazgos se produjeron en la zona arqueológica de Tula, en el centro-oriente del país, específicamente en lo que parece haber sido un complejo residencial datado entre los años 225 y 550 d.C.
El arqueólogo Víctor Heredia Guillen detalló que se identificaron cinco tumbas de pozo y otros entierros en el sitio. Los ocho cuerpos principales fueron encontrados dentro de una tumba de pozo ubicada en el lado norte de una habitación residencial.
Seis de los individuos fueron colocados en posición sentada, con ofrendas cerámicas dispuestas cerca de sus pies. Uno de estos entierros incluía además un pequeño ornamento de concha y fragmentos de un pendiente elaborado en nácar.

Reutilización de la tumba
Los dos restantes conjuntos de restos habían sido movidos, lo que sugiere que la estructura fue reutilizada a lo largo del tiempo por las antiguas comunidades.
Estos descubrimientos aportan nueva información sobre las prácticas funerarias en la región durante ese período. La cerámica y los elementos personales hallados indican un ritual cuidadoso en la disposición de los difuntos.
Por su parte, el arqueólogo Jonathan Velázquez Palacios señaló que la cal extraída en Tula probablemente se utilizaba para fabricar estuco destinado a cubrir superficies en Teotihuacan, ubicada a unos 80 kilómetros de distancia.
Esta conexión entre ambos sitios refuerza la idea de intercambios y relaciones entre centros prehispánicos del México central. La cal era un material clave en la arquitectura y el acabado de construcciones importantes en la época.
Contexto de las investigaciones
Los trabajos forman parte de las tareas de salvamento arqueológico obligatorias antes de grandes obras de infraestructura. De esta manera, se protege el patrimonio cultural mientras se avanza en proyectos de conectividad regional.
La zona de Tula es conocida por su relevancia histórica, asociada a la cultura tolteca, aunque estos entierros corresponden a un momento anterior. Los hallazgos permiten profundizar en el entendimiento de las sociedades que habitaron el área hace más de mil quinientos años.
Los restos y las piezas cerámicas serán analizados en laboratorio para obtener más detalles sobre la dieta, la salud y las costumbres de aquellas personas. Este tipo de estudios contribuye al conocimiento general sobre el pasado mesoamericano.
Con este descubrimiento, se suma una nueva capa de información al rico mosaico arqueológico de México, destacando la importancia de realizar prospecciones previas en zonas de alto valor patrimonial.
Las autoridades del INAH continúan evaluando el sitio para determinar si hay más estructuras o entierros asociados, en un esfuerzo por preservar la historia antes de que las obras del tren avancen en la región.