El PRO tuvo su oportunidad de posicionarse a la derecha, pero en su libertad eligió clavarse en el centro político. Prefirió los buenos modales y lo políticamente correcto. No achicó ni un milímetro el tamaño gigantesco del Estado argentino y promovió la agenda globalista en todos sus matices.
Un momento: ¿esta forma de hacer política no les hace acordar a los partidos tradicionales uruguayos?
Partidos no binarios
Recordemos la magistral analogía del escritor argentino Nicolás Márquez Noriega, autor de más de 15 libros, entre ellos la biografía del presidente argentino Javier Milei:
«¿Saben qué significa políticamente “ser de centro”? Ser de centro, ideológicamente, es lo mismo que en la sexualidad ser un no binario».
Los partidos de centro no son de derechas ni liberales. No están definidos. No tienen identidad ni personalidad. Según su conveniencia, fluctúan milimétricamente hacia la derecha o la izquierda, pero siempre están clavados en ese asqueroso y amorfo centro político.
Desenmascarar a la falsa oposición
Cuando no existe una derecha real, el lugar se encuentra vacío y cualquier impostor puede camuflarse y ocuparlo. En Argentina, hasta que no surgió La Libertad Avanza, el PRO estafó al pueblo haciéndose pasar por la alternativa al Kirchnerismo.















