Es absolutamente necesario recorrer el camino de achicar el gasto público. Cada impuesto que se pone, constituye un verdadero atentado contra los más pobres, puesto que se extrae riqueza del sector privado —el único que la produce— para destinarlo en lo que el burócrata de turno mejor considere, generando distorsiones en el sistema de precios.
El Estado no genera riqueza, se sirve de la riqueza que crean otros. Cada acción de los gobernantes deja una estela de destrucción de capital en el camino. Esa destrucción de capital impide el ahorro, y sin ahorro no hay inversión, sin inversión no hay aumento de capital, sin aumento de capital no hay productividad, y sin productividad no hay salarios ni empleo digno.
Es imperioso entonces pensar en alternativas. Una de ellas es el proyecto reflotado por la Asociación de Liberales del Uruguay, que tiene por objeto establecer una gran zona franca en todo el territorio al norte del Río Negro.














