En días de menor libertad económica en Uruguay, la Argentina, de la mano del primer presidente libertario, continúa su camino hacia la liberación total de su población, esta vez respecto del lastre que representa la llamada industria nacional.
Estructuras con origen en el antiguo modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), típico de economías cerradas y promovido como respuesta a la crisis global de los años treinta, han resultado en sistemas ineficientes y antinaturales que, lejos de generar riqueza, consolidan la pobreza estructural.
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Tal como expuse en el artículo “Mercantilismo uruguayo y proteccionismo global”, este enfoque sigue vigente en las ideas socialistas de nuestros políticos, quienes promueven intervenciones y privilegios corporativos.
Ideas como las que antaño lograron plasmar en el artículo 50 de la Constitución de la República: “El Estado orientará... protegiendo las actividades productivas cuyo destino... reemplacen bienes de importación...”
Nuestras “velas” prendidas al socialismo

En Uruguay, los anteriores gobiernos del Frente Amplio nos encendieron las velas más caras de la historia, prendidas al socialismo y ponderadas, en otro momento, por quien recién partió: Funsa, Olmos, Envidrio, Pluna, Alas U, la regasificadora, Antel Arena, entre otros.
A estos ejemplos se suman las deudas impagas de Venezuela a Conaprole y los negocios con ANCAP durante esas mismas administraciones. El caso más grotesco es, sin duda, el de UPM II, que empobrecerá a la población hasta “la tercera y cuarta generación...”
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El robo del siglo: un tren para UPM

De los U$S 1000 millones indicados inicialmente por el gobierno —que firmó por nosotros el contrato—, una de las últimas estimaciones (que siempre es mayor) eleva la cifra a US$ 4868 millones.
CPA Ferrere y otros estiman que UPM generará US$ 4173 millones en 30 años, entre cánones, impuestos y otros ingresos. Pero en general, esa cifra suele ser menor al final. Una vez más, negocios ruinosos para la población.
Y eso sin considerar las pérdidas de bienestar y los altos costos difíciles de cuantificar ocasionados durante los casi cinco años que duró la construcción del nuevo sistema ferroviario.
Industria forzada
El vocero presidencial argentino anunció la semana pasada la reducción progresiva a cero de los impuestos a la importación de celulares, junto con otros gravámenes internos a su producción.
Esa "industria nacional", en este caso, es un ejemplo de cómo, bajo protección estatal, se cierra la competencia y se otorgan privilegios exclusivos que desvían recursos de la población hacia sectores con intereses económicos particulares.
Cuando la economía responde a estas malas asignaciones aumentando el desempleo y la pobreza, lo correcto es liberar los recursos. Pero aquí se insiste en seguir asignándolos con privilegios. Así, quienes se proclaman nuestros “humildes servidores” solo perpetúan la pobreza.
La salvación de la Industria X
Hazlitt, en el capítulo XIII de su libro La economía en una lección, explica la falacia de salvar o mantener empresas no rentables mediante privilegios otorgados por el Estado, bajo el pretexto de conservar fuentes de empleo que de otro modo no podrían existir.








