La Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland, fue creada por ley Nº 8764 del año 1931. A partir de entonces, el Uruguay estaría “protegido” de las petroleras internacionales, porque desde entonces, el Estado nos cuidaría, teniendo el monopolio de la explotación del petróleo y sus derivados. Pero lo cierto es que la petrolera estatal se transformó en un instrumento de recaudación indirecta de impuestos, a la vez que un trampolín para las carreras de los políticos.
Siendo pública y monopólica, la situación de ANCAP ha sido y es el mejor caldo de cultivo para la proliferación de directores ineptos y corruptos, como fue el caso de Raul Sendic. Naturalmente que, de la sumatoria de directores ineptos, monopolio estatal, privilegios especiales para los empleados independientemente de su productividad y eficiencia, gastos astronómicos en fiestas, pagos de publicidades en radios que no existen, la conclusión no puede ser otra que el fracaso.
El problema no es el gobierno, es el monopolio
Históricamente la regla ha sido que los cargos de dirección han estado a cargo de políticos sin preparación, y no de funcionarios de carrera, con méritos y aptitudes que aseguren profesionalidad y eficiencia en la gestión. Los precios de los combustibles están por las nubes. Seguimos subsidiando el costo del boleto del transporte capitalino cada vez que echamos nafta, a la vez que, seguimos cargando el muerto de la capitalización. Sin embargo, seguimos presos de la maldita coyuntura.
Ayer, los que era oposición criticaban los aumentos y hoy, quienes los criticaban, los justifican o explican. Nos hemos transformado en una suerte de perros histéricos dando vueltas en círculos, tratando de mordernos el rabo.
El problema no es el gobierno anterior, ni éste en la materia (en realidad son parte del problema también, pero por otras razones que exceden esta columna). ¡El problema es el monopolio!
Debemos correr el eje del debate y empezar a darnos cuenta que en este tema, como en otros (el sistema de jubilaciones por ejemplo) estamos siendo saqueados, por la dirigencia política.








