La intendencia de Montevideo es una guarida de acomodo políticos financiada con el dinero de los contribuyentes montevideanos.
Desde 1990 cuando Tabaré Vázquez asumió como primer intendente frenteamplista hasta el día de hoy, finalizando 2024, la izquierda gobernó el departamento de Montevideo multiplicando el gasto político, subiendo todos los impuestos, y aumentando la burocracia parasitaria inútil.
En el primer mandato de Vázquez, entre 1990 y 1995, se aumentó el número de directores políticos y además se les subió el sueldo.
Luego, durante los dos mandatos de Mariano Arana, entre 1995 y 2005, nuevamente se subió el sueldo de los directores políticos.
A cada sector del Frente Amplio le correspondía uno o más directores en forma más o menos proporcional a la cantidad de votos obtenidas en las elecciones departamentales.
Corrupción en la intendencia
Vale recordar que durante el segundo mandato de Arana estalló la corrupción gigantesca en los casinos de la intendencia, donde se perdieron millones de dólares. Incluso hubo condenas penales por corrupción, como las que recibió el entonces director de casinos, y amigo de Danilo Astori, Juan Carlos Bengoa.
La Justicia condenó penalmente en forma definitiva al ex director de Casinos Municipales de la intendencia frenteamplista, Juan Carlos Bengoa, por “un delito continuado de fraude” y “un delito de concusión" en junio de 2015.
La condena impuesta por la Suprema Corte de Justicia consistió en cuatro años y dos meses de penitenciaría, y el pago de 6.000 UR ($4.863.300, unos US$ 180.892, al cambio de 2015) por su responsabilidad de los enormes daños contra la administración pública departamental.
Luego los siguientes intendentes frenteamplistas continuaron con el despilfarro y con el malgasto.
Ricardo Ehrlich desde 2005, Ana Olivera desde 2010, Daniel Martínez desde 2015, y por supuesto Carolina Cosse desde 2020.
Cosse, malgastadora serial
La futura vicepresidente a partir de 2025 tiene un prontuario de malgasto gigantesco de los dineros de todos los uruguayos. El Antel Arena, que se construyó cuando ella era presidente de Antel, costó el triple de lo previsto y estuvo plagado de irregularidades.










