El uso de woke surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta a la injusticia racial. En los últimos tiempos, se convirtió en sinónimo de políticas de izquierda y avanzo hacia movimiento colectivistas que promocionan el aborto, la ideología de género, la orientación sexual, el feminismo radical, el ecologismo y el cambio climático.
Se trata de una cultura que trata de destruir la civilización occidental, asimilando la realidad con estructuras de poder – patriarcado, racismo, capitalismo – a las que miran como responsables de la opresión y discriminación.
Es una cultura heredera del marxismo, que mira a la sociedad en un permanente enfrentamiento, dividida, y en esta “cultura del combate y la cancelación” pretende destruir lo más sagrado de una sociedad: las tradiciones, la familia, la maternidad, la mente de los niños y el comercio. En fin, una completa degradación moral de la sociedad.
Hoy esta cultura totalitaria está en riesgo y se enfrenta a un futuro nada promisorio.
En efecto, una de las primeras medidas de Donald Trump como Presidente de EEUU es detener el avance de la ideología del wokismo y del género.
En ese sentido ha sido contundente en expresar que existen solo dos sexos: masculino y femenino (quien diría que a en pleno siglo XXI tengamos que aclarar una obviedad tan colosal), oponiéndose a las enseñanzas sexistas en las escuelas y a hormonizaciones de menores, cambios de identidad y operaciones de cambio de sexo.
Parece entonces que culmina así las “drag Queens” enseñando en aulas a menores de edad y de decirles a niños de 5 años que están en el cuerpo equivocado, induciendo crisis en la mente del niño en forma intencional; tenemos la esperanza de que los niños van a poder ser niños, no experimentos ideológicos. Se le dice adiós a hombres trans compitiendo con mujeres biológicas y ya no podrán entrar a vestidores de mujeres. No mas contrataciones de diversidad, equidad e inclusión; por fin vuelve el mérito, siendo las personas mejores calificadas las que obtendrán lo que, con tanto ahínco, han luchado y se merecen. Todos iguales antes la ley, sin distinción de cupos injustos. Se necesitan a los más calificados, no a los más diversos. Se pone fin a la discriminación positiva por la raza y el sexo, enfrentando blancos contra negros, hombres contra mujeres. Basta de ese fomento de una sociedad en permanente conflicto y dividida.









