El uso de woke surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta a la injusticia racial. En los últimos tiempos, se convirtió en sinónimo de políticas de izquierda y avanzo hacia movimiento colectivistas que promocionan el aborto, la ideología de género, la orientación sexual, el feminismo radical, el ecologismo y el cambio climático.
Se trata de una cultura que trata de destruir la civilización occidental, asimilando la realidad con estructuras de poder – patriarcado, racismo, capitalismo – a las que miran como responsables de la opresión y discriminación.
Es una cultura heredera del marxismo, que mira a la sociedad en un permanente enfrentamiento, dividida, y en esta “cultura del combate y la cancelación” pretende destruir lo más sagrado de una sociedad: las tradiciones, la familia, la maternidad, la mente de los niños y el comercio. En fin, una completa degradación moral de la sociedad.
Hoy esta cultura totalitaria está en riesgo y se enfrenta a un futuro nada promisorio.
En efecto, una de las primeras medidas de Donald Trump como Presidente de EEUU es detener el avance de la ideología del wokismo y del género.










