En los últimos años, uno de los debates más silenciados en Uruguay ha sido el tamaño real del Estado y su impacto sobre el sector privado. No se trata solo del gasto público o del déficit fiscal que aparecen en los titulares, sino de algo más profundo: cuánta riqueza genera el sector privado y cuánta de esa riqueza termina siendo absorbida —mediante impuestos, contribuciones, tarifas públicas y transferencias obligatorias— por el aparato estatal.
Siguiendo la metodología propuesta por Murray Rothbard en America’s Great Depression (1963), es posible estimar lo que él denominaba “depredación estatal”: la porción del producto privado bruto que el Estado extrae para financiar sus actividades. Lo que queda después de esa extracción es el “producto privado remanente”, es decir, lo que efectivamente queda en manos de quienes producen.
Dos períodos bien diferenciados
- 2005-2015: Durante la década del boom de precios de las materias primas y el fuerte crecimiento económico, el producto privado remanente creció más rápido que la depredación estatal. Aunque el Estado se llevaba más en términos absolutos (porque la economía crecía), como porcentaje del producto privado bruto la carga estatal tendió a bajar levemente. Era la típica ilusión del crecimiento: “todos crecen, aunque el Estado crezca más rápido que la mayoría”.

- 2015-2024: El panorama cambió radicalmente. El producto privado remanente se estancó (e incluso retrocedió en términos reales per cápita en varios años), mientras que la depredación estatal siguió aumentando, aunque a tasas algo más moderadas que en el período anterior. Como resultado, la participación del Estado sobre el ingreso privado bruto volvió a subir y hoy supera claramente el 50%.
¿Quién se lleva la plata?
La depredación no es solo “impuestos”. Incluye:
- Gobierno central (impuestos nacionales, IVA, IRPF, etc.)
- BPS (contribuciones a la seguridad social, tanto patronales como de trabajadores)
- Empresas públicas (tarifas de UTE, OSE, ANTEL, ANCAP, etc., muchas veces por encima de costos)
- Gobiernos departamentales (contribuciones inmobiliarias, patentes, tasas)









