En un episodio que rayó en lo absurdo, la directora de Antel por la Coalición Multicolor, Laura Raffo —designada precisamente como directora política en representación del Partido Nacional—, votó a favor de reincorporar la señal del canal ruso RT (antes Russia Today) a la grilla de Antel TV. Lo hizo de la mano de los directores del Frente Amplio, en una decisión que el Directorio aprobó por unanimidad esta semana. Su argumento, textual y desconcertante: “No lo evalué como algo político”.
¿Una directora política que no evalúa algo como político? El cinismo es mayúsculo. Raffo, economista con trayectoria en el sector privado y figura visible del centro uruguayo, decidió ignorar el contexto geopolítico, histórico y moral para justificar que un medio financiado directamente por el Kremlin vuelva a emitir en la principal empresa estatal de telecomunicaciones del país.
Recordemos los hechos. En marzo de 2022, bajo el gobierno de Luis Lacalle Pou, Antel retiró la señal de RT de Vera TV porque era “un canal al servicio de la propaganda y justificación de la violenta invasión militar de Rusia a Ucrania”. Esa decisión fue coherente con la postura uruguaya, que condenó la agresión rusa en foros internacionales. Ahora, en 2026, con una Coalición que se supone defensora de la democracia y los valores occidentales, se revierte esa medida sin el menor rubor.
RT no es un canal de noticias. Es un instrumento de guerra híbrida del régimen de Vladimir Putin. Financiado íntegramente por el presupuesto ruso, con cientos de millones de dólares anuales, opera como una mega-máquina de desinformación global. Sus periodistas y presentadores repiten como loros la narrativa del Kremlin: la invasión a Ucrania es una “operación militar especial”, los ucranianos son “nazis” que merecen ser bombardeados, y las masacres de civiles en Bucha, Mariúpol o Irpin son “montajes” de Occidente. RT defiende abiertamente el legado de la URSS, glorifica a Stalin y justifica el asesinato sistemático de civiles ucranianos como “daños colaterales” necesarios para “desnazificar” un país soberano. No es opinión: es propaganda estatal, idéntica a la que usaba el Pravda soviético. Por eso fue prohibido en la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia y el Reino Unido tras la invasión de 2022. Organismos como la UE lo catalogaron como “amenaza a la seguridad” por su rol en la difusión de mentiras que incitan al odio y desestabilizan democracias.
La influencia rusa no se limita a un canal de TV. Forma parte de una estrategia global de Putin para dividir y debilitar a Occidente, sembrando dudas sobre la OTAN. Al mismo tiempo, legitima el autoritarismo al normalizar a un régimen que invade vecinos, asesina opositores y usa la energía como arma, erosionando así la condena moral a la agresión. Permitir que un medio estatal ruso emita en una plataforma pública uruguaya equivale a ceder espacio a una potencia extranjera en un sector estratégico como las telecomunicaciones.








