En 2011, bajo el gobierno de Cristina Kirchner en Argentina y Mujica en Uruguay, se lanzó con bombo y platillo el llamado "Tren de los Pueblos Libres".
Este proyecto, que prometía unir Argentina con Uruguay a través de una conexión ferroviaria, fue presentado como un avance en la integración regional, pero al final, como todo proyecto socialista, resultó ser un monumento al despilfarro de fondos públicos. Monumento que se puede visitar ya que en Enrique Carbó, un pueblito de mil quinientos habitantes del sur de Entre Ríos, se pueden encontrar los restos del mismo, así como si de un museo del derroche se tratase.
Millones y millones de dólares tirados a la basura debido al despilfarro estatal de quienes se creen dueños del dinero de los demás.
El tren, que contó con la colaboración del gobierno uruguayo del Frente Amplio, liderado por Mujica, y con la del Kirchnerismo, operó apenas durante cinco meses antes de quedar abandonado desde 2012.
Este "logro" emblemático del kirchnerismo no solo fue una chantada gigante, sino que también dejó un legado de desidia, abandono, y lo mas importante: corrupción.








