La central sindical PIT-CNT está encabezada desde 1985 por un grupete que ha ido variando a lo largo de los años, pero se caracteriza por algo esencial, ninguno trabaja y todos cobran el sueldo.
La mayoría de los sindicalistas uruguayos pertenecen al sector público, es decir que su sueldo se le apaga toda la sociedad uruguaya con sus impuestos. Son de la Administración Central (ministerios), o de otros organismos estatales como ANCAP, UTE, OSE, el Banco República, el Banco Hipotecario, el INAU, o alguna intendencia.
Los del sector privado la mayor parte de los sindicalistas son del SUNCA (construcción), la UNMTRA (metalúrgicos), o la UNOTT (transporte). Lo que caracteriza a todos ellos es que gozan de licencia sindical, es decir que cobran el sueldo pero no concurren a trabajar.
En Uruguay la licencia sindical siempre existió pero se consagró en una ley a partir de 2006 durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. La ley 17.940, conocida como de Libertad Sindical, es un ejemplo claro de cómo el Frente Amplio desde el comienzo gobernó a favor de la burocracia sindical, no de los trabajadores, sino de la burocracia parasitaria que encabeza los sindicatos.
A partir de dicha norma cualquier funcionario público que no quiera trabajar se mete a un sindicato para cobrar el sueldo y disfrutar de la licencia sindical. En el sector privado pasa algo similar pero la licencia sindical está más controlada.
La licencia sindical implica que el sindicalista, sea dirigente o un militante, tiene tiempo libre de su jornada laboral para teóricamente desarrollar tareas sindicales.
Por supuesto que estos burócratas sindicales cobra el sueldo con todos sus beneficios. aguinaldo, salario vacacional, etc. En Uruguay se ha desarrollado desde 2005 con el primer gobierno del Frente Amplio una burocracia parasitaria de sindicalistas que cobran su salario sin ir nunca a trabajar. Se autoperciben "representantes obreros", cuando en realidad son avivados que no les gusta trabajar ni esforzarse.








