Sí, leyó bien: la “represión estatal” que estas normas denuncian comenzó, según su propia lógica, bajo una democracia legítima, antes del quiebre institucional de 1973.
Así, se abren las puertas para que individuos que atentaron contra esa misma democracia —muchos de ellos miembros de bandas terroristas como el MLN-Tupamaros o del brazo armado del Partido Comunista, gestado desde los tempranos 60— reciban beneficios inmerecidos bajo el manto de víctimas.
Privilegios pagados con sangre y sudor ajeno
No hay eufemismos que valgan: este festival de reparaciones lo financia el contribuyente uruguayo.
Cada peso que engrosa las arcas de estos “perseguidos” sale del bolsillo de quienes sostienen el sistema con sus impuestos. Y no termina ahí.
















