La opinión de Rosdom Alexan Belian.
En el Uruguay de hoy, la seguridad pública ha alcanzado niveles de deterioro inéditos bajo el mandato del presidente Luis Lacalle Pou.
Promesas de campaña que se evaporaron en el aire, dejando a la ciudadanía en un estado de indefensión.
Desde su asunción, el gobierno de Lacalle Pou ha sido un ejemplo claro de cómo no gestionar la seguridad de un país.
Datos
Los datos son abrumadores: el número de homicidios ha alcanzado récords históricos. En los primeros cinco meses de 2022, se registró un aumento del 68% en los homicidios, pasando de 117 a 173 asesinatos, una cifra que habla por sí sola del fracaso de la administración en controlar el delito.
Además, el país ha visto un récord de asesinatos de niños, niñas y adolescentes, así como de heridos por balas en esta demografía, evidenciando una espiral de violencia que no se ha visto en décadas previas.

La falta de mano dura es evidente. Mientras Lacalle Pou se jacta de un supuesto descenso en rapiñas y hurtos, el verdadero indicador de seguridad, los homicidios, no ha bajado, mostrando una incapacidad flagrante para abordar el problema de raíz.
No hay solución
El presidente ha admitido que no han podido reducir los homicidios, un reconocimiento tardío de una gestión ineficaz que deja en claro la urgencia de un cambio de estrategia, la cual no se vislumbra a simple vista, ya que todos nos indica que la política del FA en la materia será igual o peor.








