En el marco del AmCham Summit, el ingreso de capitales globales impulsado por la estabilidad económica y el RIGI posiciona a la Argentina como protagonista minero y abre una oportunidad histórica de crecimiento, exportaciones y empleo
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En un contexto global atravesado por la creciente demanda de minerales estratégicos, la Argentinacomienza a consolidarse como un destino atractivo para inversiones de largo plazo en la industria minera. La combinación de mayor estabilidad macroeconómica y la implementación de nuevos marcos regulatorios favorables al capital está reconfigurando el posicionamiento del país, que ahora logra captar la atención de fondos internacionales dispuestos a financiar desarrollos de gran escala.
La magnitud de este giro quedó reflejada en el AmCham Summit, realizado en el Centro de Convenciones de Buenos Aires (CEC), donde 1500 asistentes —entre empresarios, funcionarios y líderes del sector— coincidieron en un diagnóstico: la Argentina vive un momento inédito de atracción de capitales. En ese marco, Ignacio Costa, CEO de Rio Tinto Lithium, fue contundente: “Nunca vimos un interés de multilaterales tan grande como el que estamos teniendo en Argentina”.
Ignacio Costa, gerente general de Río Tinto Lithium
Un caso emblemático es el de la minera anglo-suiza Glencore, presente en el país desde hace más de 30 años. Su CEO, Martín Pérez de Solay, detalló un ambicioso plan de inversiones por USD 13.500 millones, que incluye USD 4.500 millones en la mina Agua Rica (Mara) y USD 9.000 millones en Pachón. Este esquema permitiría retomar la producción de cobre en 2028 y sostenerla “por hasta 70 años”.
El ejecutivo explicó que el cambio de perspectiva comenzó hace dos años, impulsado por la combinación de una fuerte demanda global de cobre y un giro en la política económica argentina: “Empezamos a ver una demanda global de cobre muy fuerte y una Argentina que empezaba a hacer cambios y que prometía mucho en términos estabilidad, ya que si un país es estable en sus cuentas, puede dar estabilidad a los proyectos y así ayudar a que las cosas crezcan”.
El objetivo, según detalló, es pasar de una etapa de parálisis a una secuencia ordenada de desarrollo: reiniciar Agua Rica en 2028, sumar fases productivas con Bajo la Alumbrera y Bajo el Durazno, y avanzar con Pachón hacia una primera operación en 2034. “Capturamos una oportunidad única con impacto tangible para las comunidades y las provincias donde trabajamos. La minería va a desarrollar el interior del país”, aseguró.
Desde el punto de vista macroeconómico, el sector minero adquiere un rol cada vez más relevante. Actualmente, genera un saldo exportador de USD 9 por cada USD 1 importado, además de liderar en niveles de formalidad laboral, salarios y encadenamientos productivos. No obstante, el principal desafío identificado es la infraestructura, especialmente la necesidad de mejorar rutas y sistemas de transporte hacia los puertos.
Las cifras reflejan el potencial: en 2025, la minería argentina alcanzó un récord de más de USD 6.000 millones en exportaciones, representando cerca del 7% de las ventas externas totales. Las proyecciones indican que el sector podría triplicar estos números, alcanzando entre USD 15.000 y 18.000 millones anuales en la próxima década, con la generación de más de 80.000 empleos directos y al menos 150.000 puestos indirectos.
Este crecimiento se da en paralelo a una tendencia global marcada por la transición energética. Como señalaron en el encuentro, “el futuro será eléctrico”, lo que incrementa la demanda de minerales como el cobre y el litio. En ese contexto, la Argentina enfrenta la oportunidad de “subirse al tren” del desarrollo.
Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore Argentina
El nuevo marco regulatorio también juega un papel central. Ignacio Costa subrayó que el RIGI permite equiparar la carga impositiva argentina con la de países como Chile y Perú, tradicionales líderes en el sector. “Todo se combina con una oportunidad internacional que exige energía eléctrica y reglas de juego claras”, afirmó.
En esa línea, Rio Tinto anunció financiamiento multilateral para su proyecto de litio Rincón, en Salta, por un total de USD 2.500 millones, de los cuales USD 1.700 millones provienen de organismos como la IFC, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Japón. Además, la compañía amplió su presencia operativa a Salta, Jujuy y Catamarca, destacando un impacto territorial con un efecto multiplicador de dos, tres y hasta cinco veces.
Por su parte, la minera Newmont, con operaciones en cinco continentes, expuso su estrategia en la Argentina tras un repliegue temporal. La empresa proyecta un plan a cinco años para la mina Cerro Negro, en Santa Cruz, y destacó iniciativas de desarrollo local, como fideicomisos municipales que permitieron aumentar la conectividad al gas del 44% al 96%. Su Country Manager, María Eugenia Sampalione, sostuvo: “La minería tiene la obligación de mirarse en el largo plazo, prevenir escenarios y crear espacios de entendimiento con las comunidades”.
El consenso entre empresarios, gobernadores, legisladores y autoridades presentes fue claro: el desarrollo minero argentino requiere sostener la estabilidad macroeconómica, consolidar marcos legales sólidos y avanzar en una visión federal que articule políticas entre Nación y provincias. En este escenario, la infraestructura y la previsibilidad aparecen como condiciones indispensables para transformar el actual superávit en crecimiento sostenido y generación de riqueza.
En una industria donde los proyectos se planifican en décadas, el país logró en los últimos dos años revertir su imagen y ganar terreno en el mapa global. Este cambio de tendencia responde a una renovada capacidad para atraer inversiones, lo que abre la puerta a una transformación estructural del perfil productivo y exportador argentino. Dado que la minería es una actividad intensiva en capital y de horizonte extendido, la previsibilidad resulta clave.