Las autoridades belgas se encuentran en alerta máxima tras una serie de avistamientos de drones no identificados sobre infraestructuras críticas y bases militares en todo el país, el más reciente de ellos el 9 de noviembre, cuando tres drones fueron vistos sobre la planta nuclear de Doel, en el norte de Bélgica, cerca de Amberes.
Según la compañía energética Engie, que opera el complejo, las operaciones no se vieron afectadas, pero el incidente ha generado preocupación por la seguridad nacional y posibles actos de espionaje.
El episodio en Doel se suma a una cadena de incidentes similares ocurridos desde finales de octubre. Entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, drones sospechosos fueron detectados durante tres noches consecutivas sobre la base aérea de Kleine Brogel, una instalación clave de la OTAN donde se cree que se almacenan armas nucleares estadounidenses. El 3 de noviembre, el ejército belga emitió órdenes directas para derribar cualquier dron no identificado que sobrevolara sus instalaciones militares.

La ola de avistamientos también ha afectado el tráfico aéreo civil. El pasado 4 de noviembre, las autoridades suspendieron temporalmente las operaciones en el aeropuerto internacional de Bruselas tras la detección de un dron en las inmediaciones. Varios vuelos fueron desviados al aeropuerto de Lieja, que más tarde también tuvo que cerrar temporalmente por otro avistamiento similar.
En declaraciones a medios locales, el ministro de Defensa belga, Theo Francken, calificó los incidentes como parte de una posible operación de espionaje coordinada, vinculando las actividades con los recientes episodios de violaciones del espacio aéreo europeo por parte de Rusia.
Aunque no señaló directamente a Moscú, el funcionario subrayó que el patrón de comportamiento coincide con otras tácticas de ''guerra híbrida'' utilizadas por el Kremlin en los últimos años para probar las defensas y recopilar información sobre infraestructuras críticas de los países miembros de la OTAN.











