El dictador de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, elevó la tensión con Estados Unidos al acusar al secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, de intentar favorecer electoralmente al derechista Flávio Bolsonaro. Durante la convención nacional del Partido Democrático Laborista, el dirigente socialista desafió al funcionario de Donald Trump a viajar al país y “montar un comité” para su principal adversario en las elecciones de octubre.
La ofensiva verbal le permite a Lula transformar el deterioro de la relación bilateral en una herramienta de campaña. Bajo el argumento de la defensa de la soberanía, el mandatario intenta instalar que cualquier respaldo internacional al bolsonarismo constituye una interferencia sobre el proceso electoral brasileño.














