El gobierno de Vladimir Putin anunció que comenzará a suministrar recursos como petróleo y gas al gobierno de Xi Jinping.
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Rusia intensificó su acercamiento energético y político con China en medio de crecientes tensiones globales, ofreciendo aumentar el suministro de petróleo y gas al gigante asiático ante posibles interrupciones derivadas del conflicto en Medio Oriente. El anuncio fue realizado por el canciller Sergei Lavrov durante su visita oficial a Beijing, donde mantuvo reuniones con el totalitario Xi Jinping.
Según declaraciones recogidas por agencias rusas, Moscú está en condiciones de compensar cualquier déficit energético que enfrente China, así como otros países interesados en mantener relaciones ''igualitarias y mutuamente beneficiosas''. La oferta se produce en un contexto de creciente volatilidad en los mercados energéticos, impulsada por la guerra en Medio Oriente y las tensiones entre potencias globales.
El fortalecimiento de los lazos entre Rusia y China se da tras el quiebre definitivo entre Moscú y Europa, luego de la invasión de Ucrania en 2022. Desde entonces, el Kremlin ha reorientado sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia. Actualmente, China e India absorben hasta el 90% del crudo ruso, consolidándose como los principales socios energéticos de Moscú.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia mantuvo una reunión con el mandatario chino Xi Jinping
Durante el encuentro en Beijing, Xi aseguró que la relación bilateral es ''inquebrantable'' y destacó la necesidad de profundizar la cooperación estratégica. Ambos países reafirmaron su compromiso de defender intereses comunes frente a lo que consideran presiones externas, en particular de Estados Unidos.
En paralelo, el Kremlin confirmó que el presidente Vladimir Putinvisitará China en los próximos meses, posiblemente durante la semana del 18 de mayo, aunque las fechas oficiales aún no han sido anunciadas. La visita coincidiría con un momento clave en la agenda internacional, ya que el presidente estadounidense Donald Trump también tiene previsto reunirse con Xi en Beijing los días 14 y 15 de mayo.
El acercamiento entre Moscú y Beijing ocurre mientras ambos países critican abiertamente las acciones militares de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente, particularmente en relación con Irán. China ha calificado el bloqueo marítimo en el Estrecho de Ormuz como un acto ''peligroso e irresponsable'', mientras que Rusia acusa a Washington de desestabilizar los mercados energéticos globales.
Putin visitará a Xi Jinping durante el mes de mayo para ampliar la cooperación económica y comercial entre ambos países
No obstante, el conflicto también ha generado beneficios económicos para Moscú. El aumento de los precios del petróleo y el gas ha impulsado los ingresos por exportaciones rusas, compensando en parte la pérdida del mercado europeo. Sin embargo, analistas advierten que esta dependencia de Asia podría limitar la capacidad de negociación de Rusia a largo plazo, obligándola a ofrecer descuentos significativos a sus principales compradores.
Por su parte, China enfrenta un escenario más complejo. Aunque cuenta con amplias reservas estratégicas y una matriz energética diversificada, su economía sigue dependiendo de importaciones de hidrocarburos, especialmente desde Medio Oriente. Datos recientes muestran una caída interanual en las importaciones chinas de petróleo y gas en marzo, lo que refleja el impacto inicial de las interrupciones en el suministro.
A pesar de su resiliencia relativa, expertos señalan que una prolongación del conflicto podría afectar el crecimiento económico chino y aumentar su vulnerabilidad energética. En este contexto, la oferta rusa representa una solución inmediata, pero también refuerza una relación que podría implicar riesgos geopolíticos a largo plazo.
China tiene crecientes preocupaciones respecto con el suministro energético debido a la situación en Medio Oriente