La administración Trump ha advertido repetidamente que el Congreso Nacional Africano (CNA), el partido gobernante en Sudáfrica, ha permitido la creación de un clima de hostilidad hacia los afrikáners, en muchos casos justificando la ocupación forzosa de tierras privadas.
Frente a esta situación, el mandatario estadounidense redujo el cupo anual de refugiados a 7.500, priorizando la admisión de sudafricanos blancos perseguidos, una medida que responde a un compromiso real con la defensa de las víctimas de discriminación racial, sin importar su origen.
El gobierno sudafricano ha rechazado las acusaciones, alegando que los afrikáners continúan gozando de un nivel de vida más alto que la mayoría negra del país. Sin embargo, esto no justifica los ataques ni las confiscaciones ni la violencia contra granjeros blancos ha alcanzado niveles alarmantes.














