Según el dictador, la nación contaría con la bendición divina para enfrentarse a Estados Unidos, a pesar de que las tensiones actuales responden principalmente a denuncias sobre narcotráfico y a la crisis humanitaria dentro del propio país.
“Somos el pueblo de David contra los Goliat”, insistió Maduro, apelando a un relato bíblico para reencuadrar el deterioro económico y social bajo su régimen como una batalla espiritual.
Maduro repitió en varias ocasiones que Venezuela es un país cristiano y cuestionó por qué Estados Unidos “querría matar cristianos”, ignorando deliberadamente la cooperación histórica entre Israel y múltiples países latinoamericanos —incluyendo Venezuela antes de la radicalización chavista— y manipulando conceptos religiosos para justificar su discurso.












