Entre sus contribuciones históricas figura su emblemático discurso en la ONU de 1975, en el que destruyó la resolución que equiparaba el sionismo con el racismo.
La propuesta para eliminar su nombre está impulsada por una petición en línea apoyada por organizaciones pro-Palestina. El texto, cargado de acusaciones infundadas, incluso describe al Estado de Israel como responsable de “genocidio”, ignorando la trayectoria de Herzog como héroe de la Segunda Guerra Mundial y defensor de valores democráticos.
Desde Israel, la reacción ha sido contundente. El ministro de Exteriores, Gideon Sa’ar, afirmó que “Dublín se ha convertido en la capital mundial del antisemitismo” y denunció una “obsesión antiisraelí enfermiza”. La Oficina del Presidente israelí calificó la posible eliminación del nombre como “un acto lamentable y vergonzoso”.
Incluso dentro del propio gobierno irlandés surgieron voces en contra. La ministra de Asuntos Exteriores, Helen McEntee, instó a los concejales de Dublín a rechazar la propuesta, subrayando que borrar el nombre de un ciudadano judío irlandés “no tiene cabida en una república inclusiva”.
La controversia se produce en medio del deterioro de las relaciones entre Irlanda e Israel, un vínculo históricamente complejo y hoy marcado por tensiones sin precedentes.