Un reciente hallazgo encendió alarmas en Israel y en diversas instituciones académicas del mundo: un grupo abiertamente antiisraelí ha publicado en su sitio web recompensas económicas para asesinar a académicos israelíes y figuras públicas asociadas al ámbito científico y educativo.
La organización, que se hace llamar Punishment for Justice Movement, ofrece sumas que van desde los 1.000 dólares por acciones intimidatorias hasta 100.000 dólares por el asesinato de “objetivos especiales”, en un claro llamado a la violencia terrorista contra civiles inocentes.
El sitio detalla perfiles completos de cientos de académicos del Ben-Gurion University of the Negev, Technion, Weizmann Institute of Science, Hebrew University, y Tel Aviv University, así como de instituciones internacionales como Harvard University y la Organización Europea para la Investigación Nuclear.
Marcha antisemita en Buenos Aires
Entre los datos expuestos se incluyen direcciones, teléfonos, correos electrónicos e incluso números de identificación, violando gravemente la privacidad y poniendo en riesgo vidas humanas.
Algunas de las personas señaladas ni siquiera residen en Israel, sino en Estados Unidos y Europa, lo que evidencia la dimensión global del discurso de odio promovido por este grupo.
La organización también ha publicado una lista de “objetivos especiales”, entre ellos el presidente de la Universidad Ben-Gurión, Daniel Chamovitz; la física y activista Shikma Bressler; y el expresidente del Instituto Weizmann, Daniel Zajfman.
Para estos casos, la recompensa por asesinato se duplica, alcanzando cifras diseñadas claramente para atraer a perpetradores y fomentar el terrorismo internacional.
El grupo, que comenzó a operar en agosto y empezó a difundir contenido en septiembre, insta a sus seguidores a registrarse en canales de comunicación cifrada para coordinar “contratos”, un lenguaje propio de organizaciones criminales.
Su narrativa intenta justificar la violencia alegando, sin fundamento, que los científicos israelíes “participan en crímenes” por realizar investigaciones que eventualmente pueden tener aplicaciones en defensa.
Las autoridades israelíes han condenado categóricamente esta incitación al asesinato, resaltando que se trata de una escalada peligrosa en la campaña de deslegitimación contra Israel.
Para Jerusalén, este episodio demuestra que el odio antiisraelí traspasa barreras ideológicas y se transforma, sin filtros, en terrorismo dirigido contra civiles que dedican su vida a la ciencia, la educación y el progreso.
En un contexto global en el que el antisemitismo se manifiesta cada vez con mayor agresividad, el intento de convertir a académicos en “objetivos” pagados subraya la urgencia de reforzar la cooperación internacional para enfrentar estas amenazas.
Israel reitera que protegerá a sus ciudadanos en cualquier parte del mundo y seguirá denunciando a quienes buscan reemplazar el debate legítimo con violencia extrema.