El apelativo de “judío” fue reemplazado por el de “sionista”, maquillando el odio dirigido hacia el mismo grupo humano, grupo que cuenta con sobrada experiencia en discriminación, persecuciones y asesinatos por su condición humana de identidad.
En algunas de esas marchas “por la resistencia” se pudo ver banderas de Hezbollá o Hamás, perpetradores o socios de crueles atentados terroristas por todo occidente. Pero… necesitaban otra bandera para poder victimizarse, es así como a la bandera jordana se le quitó su estrella para pasar a ser un nuevo símbolo de odio disfrazado de resistencia y justicia.
Esa bandera palestina erigida por algunos miembros del espectro cultural, por manifestantes, por políticos e instituciones públicas que están obligados por ley a mantener la neutralidad, es el equivalente actual de bandera nazi para un judío o para cualquier ser que aprecie su libertad. Cambian los colores, el trasfondo de exclusión, hostigamiento, ensañamiento y odio irracional, es el mismo.
Una vez más los judíos se han visto obligados a ocultar su identidad para evitar agresiones. Son víctimas de acoso, difamación, cancelaciones y boicot; alentado esto por bastantes irresponsables autoridades políticas; ganar el voto de las izquierdas y los recientemente nacionalizados del islam en España, les redunda en mantenerse en un poder político donde impera la incompetencia, la corrupción y el oprobio institucional de una frágil democracia.
Estimado lector, lo que comienza con los judíos, termina con la libertad y dignidad de toda la sociedad democrática cuando está infectada con el virus del antisemitismo. Hay demasiadas evidencias, a lo largo de la historia.
Entre el Pay for Slay (pagos importantes a quienes asesinen judíos) que implementa la Autoridad Palestina, hasta la utilización de la bandera palestina como símbolo de resistencia, hay un abanico de maldad que se ha incrustado en las sociedades libres de occidente.