Rosario Piedra Ibarra, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), ha sugerido eliminar la comisión que preside. Ibarra afirmó que el organismo no es un contrapeso del poder, ni debe serlo, ya que forma parte del Estado mexicano.
Esta declaración confirma lo que muchos ya temían, que es la subordinación total de la CNDH al Ejecutivo federal.
Lejos de defender su autonomía o asumir un papel crítico ante los abusos del poder, Piedra Ibarra se lanzó contra el modelo que dio origen a la CNDH hace tres décadas.

Lo calificó como una “simulación del pasado” y justificó la necesidad de desaparecer el formato actual para dar paso a una nueva figura. Para ello, se propuso una figura que, según ella, representa mejor al pueblo en nombre de la Defensoría Nacional de los Derechos del Pueblo.
Este viraje definitivamente pone en duda el papel de la CNDH como garante de los derechos humanos. Pero también abre la puerta a un nuevo órgano oficialista, más afín al régimen que a la ciudadanía.
La desaparición silenciosa de los contrapesos
Las palabras de Rosario Piedra no fueron improvisadas. Responden a una línea política impuesta desde Palacio Nacional. Cabe recordar que ni siquiera Claudia Sheinbaum simpatizaba con su perfil.
Voces opositoras acusan que AMLO fue quien la impuso al frente de la CNDH, precisamente para evitar que “estorbara” a su administración.











