Los partidos del establishment político alemán están haciendo realidad los sueños de cualquier régimen autoritario. Los bancos están siendo utilizados para asfixiar financieramente al principal partido de oposición del país, la AfD, mediante el cierre abrupto de varias de sus cuentas. Si uno cree en la democracia, esto debería resultarle escandaloso.
No hubo irregularidades. No hubo investigaciones. No hubo explicaciones técnicas. Solo decisiones repentinas y coordinadas, amparadas en el “secreto bancario”.
Seamos claros: un partido político sin cuentas bancarias es un partido empujado a la parálisis. No puede pagar salarios, alquilar oficinas, recibir donaciones ni financiar una campaña. No es burocracia. Es un sabotaje político.










