Dije antes, que estaba dotado de un gran valor moral, porque efectivamente no poseía el valor brioso de un granadero, que lo hace muchas veces á un jefe ponerse al frente de una columna y precipitarse sobre el enemigo. En lo crítico del combate, su actitud era concentrada, silenciosa, y parecían suspensas sus facultades: escuchaba lo que le decían, y seguía con facilidad las insinuaciones racionales que se le hacían; pero, cuando hablaba, era siempre en el sentido de avanzar sobre el enemigo, de perseguirlo, ó si él era el que avanzaba, de hacer alto y rechazarlo. Su valor era más bien (permítaseme la expresión) cívico que guerrero. Era como el de aquellos senadores romanos, que perecían impávidos, sentados en sus sillas curiales”.
¿Cómo se comportaba el General Manuel Belgrano en la derrota? Que las tuvo y varias veces. Paz es contundente: “En los contrastes que sufrieron nuestras armas bajo las órdenes del general Belgrano, fué siempre de los últimos que se retiró del campo de batalla, dando ejemplo, y haciendo menos graves nuestras pérdidas. En las retiradas que fueron la consecuencia de esos contrastes, desplegó siempre una energía y un espíritu de orden admirables; de modo, que á pesar de nuestros reveses, no se relajó la disciplina, ni se cometieron desórdenes.
No fue así en otras retiradas, como la del Desaguadero y Sipe-Sipe, en donde hubo escándalos de todo tamaño, porque desbandada la tropa, solo se vino á rehacerse después de ochenta y aún más de cien leguas. De allí provinieron esos horrorosos combates, ya individuales, ya en escala mayor, entre el paisanaje y los indios por un lado, y los soldados que hablan roto el freno de la obediencia, por otro; los unos, por defender sus personas y propiedades, los otros, por invadirlas, los que hasta cierto punto eran disculpables; pues, no marchando en cuerpo, no habiendo distribuciones regulares para satisfacer sus necesidades, hablan de pedir ó quitar, y, ya se deja entender el camino que esto abría á los abusos”.
Con lo cual, concluye José María Paz: “¡Honor al general Belgrano! El supo conservar el orden tanto en las victorias como en los reveses. Cuando él mandó en esos días de luto y de desgracia, los paisanos y los indios venían pasiblemente á traer las provisiones al pequeño cuerpo que se retiraba; tan lejos de manifestarnos aversión, solo se dejaba percibir en lo general, un sentimiento de simpática tristeza. No hubo entonces riñas fratricidas, no pueblos sublevados para acabar con los restos del ejército de la Independencia; nada de escándalos que deshonran el carácter americano, y manchan la más justa de las revoluciones”.
Como ejemplo de lo expresado, narra esta anécdota: “Recuerdo que .al día siguiente de la derrota de Ayohúma, hizo formar en círculo, después de la lista, los menguados restos de nuestro ejército, y colocándose en el centro, rezó el rosario, según se hacía ordinariamente. Fuera de los sentimientos religiosos que envolvía esta acción, quería hacer entender, que nuestra derrota en nada había alterado el orden y la disciplina”.