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Le faltan 40 mil votos a Javier Milei en Capital, que podría garantizar Gómez Centurión

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Por Facundo Bello Gutiérrez, miembro de Jóvenes NOS CABA


Hoy el panorama electoral porteño es desde cualquier lugar que se lo mire absolutamente impredecible. En este contexto repleto de candidatos progresistas y edulcorados, más preocupados en traicionarse entre ellos que en defendernos frente a los atropellos del gobierno nacional, no son pocos los conservadores y nacionalistas que ven con buenos ojos la candidatura del economista liberal Javier Milei en la Ciudad. 

Podríamos dedicar páginas enteras a interesantes discusiones doctrinales sobre los principios que separan al liberalismo y al conservadurismo desde hace siglos, pero hoy quiero hablar de algo mucho más tangible: los enemigos que los unen. 

Milei es una personalidad mediática, un brillante economista que ha logrado convertirse en un auténtico y genuino referente. Sin dudas el optimismo con respecto a su candidatura es algo muy bueno, el triunfo de quienes tienen rectas intenciones y comparten valores no debe ser motivo de desaliento. Pero escribir para halagar o endulzar los oídos del lector es algo muy peligroso. Es muy fácil e inocente soñar, pero es extremadamente peligroso confiarse con aires triunfalistas.

Javier Milei sabe despertar grandes pasiones, pero también muy profundas antipatías entre quienes lo escuchan; quizás infundadas, pero a fin de cuentas reales. Esto lo lleva a tener una notable imagen positiva pero también una gran imagen negativa, que en el pequeño microclima de las redes sociales no se llega a comprender; los candidatos polémicos se ven encerrados entre un piso y un techo, por eso nuestra casta política siempre apela a quedar bien con Dios y con el diablo. 

La sociedad suele encasillar a las figuras públicas según su percepción del fin que persiguen. Hasta no hace mucho, Milei era visto no como un político (algo de lo que él mismo se distanciaba) sino que aparecía en el imaginario popular como “un excéntrico economista” que montaba un show mediático para muchos cargados de magistrales verdades económicas mientras que para otros, usualmente de la izquierda, repetía un discurso plagado de insultos y dogmas monetaristas.

Más allá de las apreciaciones particulares y de las críticas (así y todo, fue esta la forma en que logró notoriedad) se evidencia que hacer una transición de personaje mediático a político no siempre es efectiva y automática, y depende mucho del contexto en el que se haga. La decisión del economista de ser candidato de un día para el otro resultó para algunos una contradicción con su discurso pero para otros tantos un destello de esperanza.

Un caso concreto

Respecto a estos casos de transiciones de figuras mediáticas a figuras políticas alrededor del mundo (y especialmente en los nuevos movimientos de derechas) hay un factor común que pretendo mostrar con el ejemplo de Donald Trump.

El excéntrico empresario no logró su triunfo electoral de 2016 por cuenta propia. Esto requirió del extensivo apoyo de la mayoría silenciosa (en Estados Unidos: religiosos, usuarios de armas, veteranos de guerra, movimientos provida, sectores rurales, etc.) de todos lados del país. Sin el acompañamiento de un reconocidísimo político ultraconservador de carrera que homologó y articuló su candidatura, el carismático multimillonario no hubiese llegado tan lejos: ese hombre fue Mike Pence, cuya actuación en la recta final del mandato de Trump fue seriamente cuestionada, pero a fin de cuentas fue esencial para su victoria en 2016.

Creo fundamental que la transición de la figura mediática de Javier Milei a una figura política (sin perder el componente antisistema) solo puede darse con el respaldo del conservadurismo argentino. He oído varias veces una frase que si bien no comparto desde lo doctrinal me parece razonable desde lo político: “el vehículo histórico del liberalismo ha sido el conservadurismo”.

Prueba de esto son las múltiples medidas fiscales que han emprendido y defendido conservadores como Bolsonaro, Abascal u Orbán, mientras liberales progresistas de sus propios países defendían políticas de género o subsidios a clínicas de abortos, y se olvidaban de su propia agenda que los llevó al poder.

He aquí mi primera conclusión personal: Javier Milei difícilmente podría llegar per se a los sectores católicos o evangélicos más conservadores, a las fuerzas armadas y de seguridad, al nacionalismo católico y al peronismo conservador si no es con el respaldo de una figura como Juan José Gómez Centurión, héroe de guerra, abanderado de la causa provida y quien en 2019 se nutrió de un gran aporte proveniente del peronismo ortodoxo, el componente de base que se necesita para dejar de arañarle al macrismo “votos gorilas” de barrios de clase media alta. 

El candidato a diputado nacional de NOS, subestimado por muchos, necesitará de 250 mil voluntades bonaerenses que lo acompañen (en 2019 obtuvo más de 170 mil votos solo en Buenos Aires) para consagrarse con por lo menos una banca este año.

Por supuesto, de más está decirlo que nada de esto es “gratis” políticamente. En primera instancia no puede ser cualquier liberal quien ocupe ese lugar. La mayoría de los economistas que hoy llenan los espacios de televisión son ignorantes de la realidad política y de la “rosca” como tal; desconocen y minimizan la verdadera batalla cultural contra el progresismo (los lobbys abortistas, ecologistas, feministas, LGBT, etc.) y por último, son financiados desde fundaciones extranjeras que necesariamente los formatean para destilar un marcado antiperonismo, una afinidad con el macrismo y muchas veces como alfiles de intereses extranjeros

Javier Milei evidentemente no es perfecto, podemos discrepar en varios aspectos con él; pero ciertamente carece de los mencionados defectos. Invocando a la buena memoria del lector, en 2018 el economista liberal se plantó en la televisión abierta frente a la farándula y manifestó no solo su rechazo al aborto sino que incluso al aborto producto de las 3 causales, algo que muchos activistas celestes suelen esquivar frente a las cámaras… 

En números…

Esto no se trata de un proyecto nacional ni de un gobierno en 2023, ambas cosas distan mucho de la realidad política actual y estas cuestiones todavía son muy lejanas a nosotros. Hoy hago referencia a los acontecimientos en la Ciudad de Buenos Aires, distrito muy favorable para el liberalismo y a la vez muy hostil para el peronismo y el conservadurismo.

Para ir a los números, que he estado analizando desde mediados del año pasado, pretendo primero tener presente una consideración no menor. De 38 encuestas variopintas realizadas en 2019 tras el cierre de listas, el Frente Despertar de José Luis Espert obtuvo en todas ellas una mayor estimación de votos que el resultado final (2,23%). Por el contrario, Gómez Centurión obtuvo en todas ellas menor estimación que el resultado que finalmente alcanzó (2.72%). El promedio total de las encuestas del primero casi duplicaba al segundo. Con este dato solo busco mencionar la usual infrarrepresentación del voto conservador en la escena pública.

En segunda instancia, y a efectos de evitar el sesgo de los consultores financiados por el gobierno nacional y porteño (cuya finalidad es reducir las fuerzas que podrían restarle votos), apelo a fomentar un equilibrio entre estas, aquellas encargadas por el kirchnerismo (que buscan inflar esos sectores para erosionar a Juntos por el Cambio) y otras encuestas más sensatas.

Si prestamos detenida atención a esto podemos estimar a fines de junio la intención de voto de Javier Milei entre un 5% y un 7% (algunas encuestas que lo combinaban erróneamente con Ricardo López Murphy se acercan al 10%, otras en lugar de mencionar al economista porteño miden a un Frente Libertario apoyado por Espert que ronda un 4%). Por supuesto estamos considerando encuestas públicas circunscritas a la Ciudad de Buenos Aires.

La Consultora Clivajes, por ejemplo, le da a Milei un 2,3% (favoreciendo a Juntos por el Cambio y a Vidal especialmente). Giaccobe, por otro lado, le da a un 5,4% (en 2019 pronosticó a Espert con cerca de 8 puntos). La consultora Proyección un 6,2% con Vidal como cabeza de lista de Juntos por el Cambio. Por otro lado, Tendencias un 4,4%, esta consultora es favorable al Frente de Izquierda. Management & Fit le da a los libertarios en CABA un 4,4% encuestadora afín a Larreta y Schiaretti. Por último, Opinaia le otorga a los liberales un 7% (aunque refiriéndose a un espacio común entre Milei y López Murphy). Recordemos que la cifra repartidora por el sistema D´hont se sitúa en torno a un 7% en la Ciudad de Buenos Aires.

El voto conservador porteño

Uno de cada 100 porteños votó a Gómez Centurión en 2019. La boleta presidencial de NOS en la Ciudad de Buenos Aires obtuvo poco más del 1% de los votos en las PASO de 2019. Claro está que es un margen muy escaso, pero de la ciudad más progresista de Argentina no se puede esperar mucho más.

Por otro lado, la boleta presentada con el sello de la Democracia Cristiana y llevando al pastor Gabriel Ballerini como candidato a diputado obtuvo en esa misma elección simultánea algo más que el 0,90% de los votos. Lo que es menester destacar es que si bien ambas boletas fueron separadas obtuvieron una cantidad proporcional de votos, un poco más de 20 mil votos.

En conclusión, y cruzando datos a nivel comunal, estamos hablando de un electorado bastante cohesionado que responde a mismos patrones de voto, un sector esencialmente provida y religioso, descontento con la tibieza del PRO, un nacionalismo y peronismo repelido por el progresismo K, y un sector representado por las consignas de mano dura y favorables a las fuerzas armadas y de seguridad.

Se podría objetar que pasada la discusión del aborto (que en su momento supo unirlo) ese electorado yace extinto. No obstante, el último Termómetro Ciudadano de Opinaia (una de las pocas consultoras que mide a NOS en la Ciudad de Buenos Aires) muestra como no solo permanece sino que se duplica, de un escaso 1% pasa a representar un 2% que en valores nominales (ignorando la diferencia de participación) representaría unos 30 a 40 mil votos.

Opinaia había medido la intención de voto de NOS en la Ciudad de Buenos Aires en enero dando también un 2% como resultado. NOS no solo retiene, sino que aumenta al voto conservador en el distrito más hostil a sus ideas.

Debe constar que este voto no representa a ningún candidato porteño específico sino que más bien representa a un sólido grupo de votantes que se identifican con la figura de Juan José Gómez Centurión en la Ciudad de Buenos Aires. Con un candidato propio no cabe la menor duda que NOS podría estirar mucho más ese margen.

Javier Milei necesita de NOS

Frente a estos números, para muchos podría tratarse de un panorama desolador o demasiado pesimista. Pero siendo que hablamos de espacios antisistema que compiten por fuera de la grieta parece más bien un panorama muy alentador

Muchos no son conscientes de la maquinaria que está detrás de los candidatos del macrismo y el kirchnerismo, del dinero que mueven y del poder y experiencia que poseen. La sola posibilidad de que ingresen al Congreso Juan José Gómez Centurión por la Provincia de Buenos Aires, Javier Milei por la Ciudad y, con mucha esperanza, algún diputado conservador del interior, es suficiente para trazar una alternativa por derecha para 2023 que condicione la forma de hacer oposición.

Voces totalmente disruptivas que ganarían sus bancas con total mérito y respaldo popular en un Congreso plagado de acomodos e ineptitud producto de las listas sábana.

Existen en estas elecciones porteñas dos opciones. La primera opción es que en esta recta final Javier Milei realmente supere ese evidente techo momentáneo que muestran multitud de encuestas desde hace un tiempo y obtenga algo más que un 7%, quizás escalando hasta un 10%, recolectando votos indecisos y superando holgadamente los 130 mil votos que necesita. Ese caso, sería desde ya, muy bien acogido por muchos entre los que me incluyo.

Pero también existe otra opción: que realmente ese techo exista, que esa transición a una figura “más política” todavía no esté completa y que el voto indeciso se reparta proporcionalmente entre los principales candidatos como usualmente ocurre.

Existe la posibilidad de que el segmento joven y libertario, muy activo en las redes sociales, realmente no alcance para compensar el desencanto en otros sectores de más edad (la Ciudad de Buenos Aires tiene la población más longeva del país), que se sientan capturados por el liberal Ricardo López Murphy o por cualquier candidato moderado del PRO (los porteños son extremadamente moderados) y que las encuestas que hablan de entre un 5% y un 7% sean efectivamente ciertas o que el porcentaje sea incluso menor.

En este último caso, ignorando las variables producidas por el alto absentismo electoral (previsto tras las jornadas electorales de Misiones y Jujuy) y considerando que la cifra repartidora se sitúe en un 7% (o incluso más) producto del alto voto en blanco y de los partidos que no obtengan escaños, sería un panorama mucho más riesgoso para Javier Milei (el año pasado el Frente de Izquierda superó con creces el 6% con más de 120 mil votos y aun así no logró conseguir la banca de Myriam Bregman debido a la alta polarización entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos).

Tal como mencionamos, podríamos especular en un Congreso repleto de diputados conservadores, nacionalistas y liberales para 2021. Pero eso solo serviría para acrecentar egos e ilusiones que puertas para afuera no sirven de nada. Estas líneas tienen como fin para evitar justamente ese excesivo optimismo que caracteriza a muchos y por eso concluyo esta nota advirtiendo sobre el costo de ignorar a la poderosa maquinaria del larretismo, dispuesta a emplear todo tipo de medios para ganar a cualquier costo la elección y la mayoría en el Congreso y la Legislatura.

Ese peligroso optimismo guiado por la ilusión infantil desconoce pronósticos alternativos (muchas veces más realistas que los oficiales) y puede llevar a cometer el imperdonable error de que el candidato libertario se quede a 40 mil votos de ser diputado… 

40 mil votos porteños cuya llave tiene nada menos que el Mayor Juan José Gómez Centurión. 

Opinión

El terrorismo legislativo feminista de la Triple E: Estalinismo, Estupidez, Elitismo

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La ola de propuestas de legislación en favor de promover la agenda feminista en la sociedad tiene una explicación en los tres pilares que sostienen la organización estatal y paraestatal de género.

En el plazo de 48 horas, por el Congreso han entrado dos nuevos proyectos de ampliación de la Ley Micaela, uno para decretar la obligatoriedad de la capacitación de género para estudiar cualquier carrera universitaria o terciaria y otro para obligar a todos los directivos y dirigentes de los clubes de AFA a ser adoctrinados anualmente. Asimismo, la Ministra de Género junto a la Senadora Catalfamo, realizó una jornada sobre la Ley de Gestión Menstrual con distintas activistas del colectivo feminista. Todo esto solo en cuarenta y ocho horas.

Cualquiera pensaría que en Argentina faltan problemas o sobran recursos. Lo que evidentemente abunda es un ejército de personas dedicadas a la politiquería barata. Nos sobran prebendas y nos sobra paciencia, porque vienen destruyendo todo a su paso hace años.

Ya vimos a la ministra Gomez Alcorta capacitar a los diputados denunciando cosas tales como que “hoy todavía muchísimos utilizan el concepto de ‘mi mujer’ para referirse a su compañera o a su esposa, o a su pareja” o solicitando que “esperamos que no sea más llamado Cámara de Diputados porque llevó ese nombre cuando solamente eran diputados”. La agenda de la Ministra tiene un nivel de urgencia realmente abrumador, ¿no?

Por eso se percibe en el aire que hace años estamos a merced del terrorismo psicológico, cultural y económico de una organización estatal y paraestatal de género: la Triple E. Cada sigla es programática, es un norte de acción. Porque nada se presenta o se hace sin pasar por el filtro de la “orga”.

Estalinismo

Cada proyecto necesita ser lo más ideológicamente perverso y obligatorio posible. La izquierda de antaño vendía o regalaba libros, popularizando sus ideas a través de la distribución masiva de contenido marxista. Ahora parecería que no hay tiempo para eso, nadie quiere leer. Por lo tanto, hay que utilizar con toda violencia la fuerza estatal para que las ideas entren hasta con tirabuzón en cada cabeza más o menos apta para recibirlas.

No es casual que vayan por los pocos alumnos argentinos que logran llegar a la educación superior, ya que en una batalla de ideas son los pocos que podrán (o no) sostener ideológicamente al régimen político “de la orga” de género.

Vale mencionar que el feminismo de género es descrito por Judith Butler, filósofa y principal referente en la materia, en su bestseller “El género en disputa” como una teoría política, no como una teoría sociológica o un cambio cultural por la vida y la dignidad de las mujeres o el colectivo LGBT+.

Ya no alcanza que en los distintos niveles del Estado, donde hay más de tres millones y medio de personas trabajando, sea obligatorio capacitarse en cuestiones de género en función de una ideología impuesta por un colectivo. No. Ahora van por los estudiantes que ya han sido machacados con estos contenidos durante el secundario a través de la ESI.

Aproximadamente la mitad de los alumnos que egresan anualmente del secundario se inscriben en carreras de pregrado o grado y sólo 1 de cada 4 culmina los estudios superiores. No es casual que quieran imponer la capacitación como condición de ingreso, ya que cuadruplican el alcance que tendrían si lo exigieran para recibirse. Más es más para el dogma estalinista.

Estupidez

La etimología de la palabra “estupidez” nos lleva al verbo latino stupere que quiere decir quedar paralizado o aturdido, o sea, quedar fuera de juego.

Con este tipo de iniciativas realmente podemos sentirnos condenados por la clase dirigente a quedar absolutamente inmovilizados, golpeados, aturdidos ante la realidad que pega, y pega fuerte, mientras estamos quietitos discutiendo a quiénes obligamos a ser adoctrinados aquí o allá.

El feminismo se ha transformado en el perro del Hortelano de la política, no hacen nada por los problemas concretos de nadie y tampoco dejan hacer, encadenando recursos y tiempo de debate público en planteos inconducentes. Han transformado al Congreso en un teatro de operaciones para conseguir caja y prebendas. Mucha rosca, mucho tiempo y mucha plata dedicada a fortalecer causas sobrerrepresentadas en el ámbito legislativo.

Elitismo

El bochorno se agudiza si pensamos el contexto, sólo el 14% de los jóvenes de entre 25 y 29 años ha finalizado una carrera universitaria en Argentina. Es decir, ser un joven profesional es prácticamente un privilegio. A esa minoría privilegiada intelectual y/o económicamente se le dedica gran parte del tiempo y la atención de la agenda.

Es sujeto y objeto de la imposición cultural de género, de la discusión sobre las copas menstruales y de delirios varios. Son quienes, normalmente, acceden a los puestos de dirección de los distintos sectores económicos.

Cualquiera pensaría que el fútbol implica acercarse a un sector popular pero ¿a quién le cabe dudas que es una industria millonaria? Los contenidos de la triple E son absurdos en contextos populares, no cuajan. Por eso sus cañones están apuntados a las élites tanto intelectuales como económicas.

Así vivimos en el medio de una brecha de agenda cada vez más grande, élites progresistas que vociferan que “amplían derechos” cada vez que consiguen un nuevo capricho cubierto por la prepaga mientras, hipócritamente, gastan el dinero de los pobres en hegemonizar culturalmente a la sociedad con jornadas, capacitaciones y leyes de cumplimiento obligatorio.

El ahogo social de sentirse atrapado en este laberinto se transforma en indignación y recelo. Según la encuesta publicada este año por la Universidad de San Andrés, el movimiento feminista tiene un 59% de imagen negativa, siendo un 14% mala y un 45% muy mala. Este divorcio de la clase dirigente parecería profundizar cada vez más el hartazgo social. Aunque el kiosko elitista de la Triple E pareciera no tener fin, la realidad golpea cada vez más fuerte las puertas de una dirigencia que no da señales de acusar recibo.

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Opinión

Libertad es responsabilidad y prohibir la portación de armas agrava el problema de la inseguridad

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El tiroteo en Texas no debe correr el eje de la discusión: cuando un delincuente está a punto de atacarte, tener un arma puede salvarte la vida. La protección de nuestras vidas es un derecho y no debe seguir postergándose.

El debate sobre la portación de armas volvió a estar en el centro de la escena después de que un asesino perpetrara un tiroteo en una escuela en Texas, donde murieron 19 estudiantes y dos maestros. Se trata de un debate que, a esta altura, pareciera no tener asidero en la realidad argentina: continuar con la tradicional regulación prohibicionista en un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo es seguir golpeándonos la cabeza contra la pared

Como ex soldado de las Fuerzas Especiales de Israel y actual habitante de los Estados Unidos, tengo armas, las usé y volvería a hacerlo. Cuando un delincuente armado está a segundos de atacarte y la policía está a minutos de llegar, tener un arma puede salvarte la vida. La cuestión de fondo no es “armas sí – armas no”, sino cómo regular su tenencia para que sea utilizada de manera correcta para la defensa personal. Una discusión que, en un país con ciudades como Rosario, donde según el Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe se comete un crimen cada 30 horas, no puede seguir postergándose.

La protección y la defensa no solo de nuestras vidas, sino también de nuestra propiedad material, es un derecho primario. Es por este motivo que prohibir su portación va en contra de las libertades individuales: cada ciudadano debe ser capaz de poder elegir qué derechos ejerce libremente, sin ser juzgado por ello. De esta manera, se le quitaría poder relativo al Estado, que es el que tiene el monopolio de la violencia y no sabe cómo ejercerla porque, lo dicho, los índices de homicidios en la Argentina no paran de crecer.

Por supuesto, libertad es responsabilidad y la tenencia de armas se debe hacer bajo un modo reglamentado y bien administrado, ya que asesinos como el que cometió el repudiable y lamentable crimen en Texas hay en todo el mundo. Pero esto no debe correr el eje de la discusión: prohibir la portación de armas no implica que haya menos en circulación y que no se cometan los asesinatos. La prohibición no termina con el problema; por el contrario, lo agrava.

Some Texas gun groups oppose a state-funded safety campaign. Not the NRA. |  The Texas Tribune
Rifles en exhibición en McBride’s Gun Inc. en Austin, Texas.

La gran mayoría de los crímenes con armas de fuego son cometidos por armas que fueron adquiridas en el circuito ilegal. Con esto quiero decir que con leyes de control de armas o sin ellas, los criminales seguirán estando armados y seguirán cometiendo los crímenes. Solo que con la reglamentación actual los ciudadanos de bien, pacíficos y trabajadores están completamente indefensos ante los asesinos, sin posibilidad siquiera de disuadirlos.

A esto hay que sumarle dos factores extra. Por un lado, la Justicia ineficiente de la Argentina que no condena a los que tiene que condenar y deja libres a los que no hacen un uso correcto de las armas. Por el otro, las fuerzas de seguridad que, a pesar de las buenas intenciones que puedan tener, suelen llegar tarde muy tarde ante hechos de inseguridad

Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes demuestra una falta de sensatez enorme. Sin ir más lejos, tomemos el ejemplo de Uruguay con la marihuana: al analizar cuánto dinero y recursos públicos se destinaron a la penalización y represión del consumo de la droga se dieron cuenta de que lo mejor era legalizarla. Fueron pioneros en la región con el objetivo de terminar con el mercado negro y mejorar la salud de la población. La guerra contra las drogas y la represión demostró que, lejos de resolver el problema, solo generaba uno nuevo porque aumentaba la violencia y no cesaba la producción, el tráfico ni el consumo. Con las armas sucede exactamente lo mismo

En este contexto, no debemos restarle importancia a lo que ha representado la tenencia de armas para la historia democrática de los Estados Unidos. La Primera Enmienda dejó en claro la importancia de la libertad de expresión en el país, mientras que la Segunda Enmienda decretó la protección de la tenencia de armas como un derecho fundamental. Este factor brinda la posibilidad al pueblo de defenderse en caso de que un Gobierno no respete lo que dicta la Constitución.

Puede el lector, a partir de este análisis, comprender por qué los grandes regímenes totalitarios que tuvieron lugar a lo largo de la Historia (Fidel Castro, Mao Tse Tung, Adolf Hitler, Benito Mussolini) ni bien llegaron al poder se encargaron de desarmar al pueblo. Estados Unidos es la democracia más larga del mundo, nunca tuvo un golpe de Estado, porque el ejército más grande del mundo es el Gobierno de los Estados Unidos, y el segundo ejército más grande del mundo son los norteamericanos. El pueblo estadounidense tiene más armas que todos los otros ejércitos del mundo, entonces es inconquistable, y siempre será independiente.

Dicho sea de paso, cada Estado tiene su propia reglamentación y Washington D.C., el distrito con regulaciones más estrictas, es casualmente el que detenta la tasa de homicidios relacionados con armas de fuego más alta del país, según un estudio del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de 2019.

Por su parte, Israel, país donde aprendí a usar un arma de manera responsable, hace pocos años relajó sus leyes de control de armas, lo que permitió que hasta 500.000 ciudadanos posean una, con la esperanza de que una población mejor armada pudiera defenderse mejor de los ataques terroristas. El camino que debemos seguir los argentinos para defendernos de los ataques de la inseguridad.

El ciudadano de bien puede portar armas y no comete delitos, pero a un delincuente que comete crímenes mucho más graves que una tenencia ilegal de armas, como robo y asesinato, no le importa que le digan que no puede usar un arma. Va a matar igual. Por lo tanto, lo único que permite la prohibición es que el hombre que quiere usar el arma exclusivamente para defenderse no pueda tener una herramienta legítima para hacerlo.

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Argentina

La competencia desleal del Estado ha dejado a la Argentina sin crédito para el sector privado

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La falta de crédito para el sector privado es uno de los principales problemas que le ponen un tope al crecimiento económico del país. Por cada $10 en el sistema bancario, $9 están colocados en el Estado.

Uno de los principales señalados por parte del establishment político a la hora de intentar perpetuar el sistema en el que el país está sumergido, es el sistema financiero nacional e internacional.

Dentro de las numerosas críticas que sectores principalmente de izquierda hacen de la banca, una de las cosas que destaca es la virtual inexistencia de créditos por parte del sistema financiero a familias y sobre todo a empresas PyMEs.

En este planteo se construye uno de los tantos enemigos que el relato necesita para distraer de las deficiencias propias y se lo encarna en un defectuoso accionar del sistema financiero nacional.

En este relato construido no solo por el gobierno nacional, sino también gran parte de la oposición, se presenta a las sociedades de bolsa y sobre todo a los bancos como empresas altamente especulativas que lucran con el sufrimiento de la sociedad al limitar el crédito de forma consciente.

En esta línea de pensamiento, la falta de crédito al sector privado, algo que impide el desarrollo de las empresas privadas o la adquisición de bienes durables por parte de las familias, es sólo la contracara de una estrategia de mercado altamente beneficiosa para este grupo de empresas que obtienen ganancias extraordinarias con el perjuicio del resto de la sociedad.

No es entonces raro que algunos discursos de los partidos de extrema izquierda propongan la nacionalización de la banca con el objetivo de poner fin a este comportamiento supuestamente prebendario e inescrupuloso. Lo cierto que es que, nuevamente y a pesar de los esfuerzos de estos sectores gobernantes por aparentar lo opuesto, la realidad dista mucho de ser como ellos la pintan.

Cuando analizamos el caso del crédito en nuestro país, podemos ver en primer lugar que las tasas de ahorro bruto sobre PBI supera el de países como Brasil y que la diferencia con otros como Estados Unidos es muy baja. Mientras que el promedio de inversión bruta nacional desde 1990 hasta el 2020, según datos del BM, fue del 16,30%, el caso brasileño y norteamericano registra cifras de 16,15% y 18,57%.

En principio estos números nos hablan de que la causa de tan marcado desenvolvimiento entre el mercado de crédito local y el de estos dos países no estriba en la falta de ahorro por parte de la sociedad argentina.

Si bien es cierto que el ahorrista argentino, producto de una constante malversación de la moneda nacional por parte del BCRA, tiene parte de su capital colocado en moneda extranjera fuera del sistema bancario, nuevamente cuando comparamos los ratios de crédito en función de depósitos desde el año 2010, vemos que en la gran mayoría del período los primeros no llegaron a representar más de un 60% de los segundos. Esto quiere decir que existe un segundo jugador que acapara el ahorro nacional.

Stock de depósitos y crédito privado en millones de pesos corrientes.

Si analizamos en profundidad, es lógico concluir que para un banco comercial, el riesgo de colocar el ahorro de los depositantes en encajes remunerados del BCRA o prestar el dinero en Letras de corto plazo como LECER o LEDES es una decisión de construcción de cartera más eficiente y rentable que colocar ese dinero en préstamos a tasa activa a un sector privado extremadamente golpeado por las medidas regulatorias y fiscales que el propio gobierno toma.

Esta competencia desleal, entre un sector público fuertemente necesitado de financiamiento y dispuesto a pagar altas tasas a plazos relativamente cortos y con condiciones beneficiosas para los acreedores, afecta sin dudas a la posibilidad de conseguir financiación del sector privado. Hoy en día por cada $10 que se encuentran depositados en el sistema bancario argentino, $9 están colocados en instrumentos de deuda emitidos por el Estado Nacional o el BCRA.

Ahora bien, esta necesidad de financiación desmedida por parte del sector público lleva a una competencia en la que el Estado genera un aumento de la tasa de interés a bajo riesgo para acaparar los excedentes del sistema financiero.

En ese proceso de crowding out la imposibilidad de competir por parte de las empresas y familias que componen el sector privado con las condiciones que impone el sector público, lleva a una virtual inexistencia del crédito privado en un país en el que el crecimiento económico se encuentra estancado desde hace más de 10 años.

Este mecanismo perjudicial, es el que termina no solo explicando la falta de crédito al sector privado, sino también la virtual imposibilidad de las empresas de poder financiar un crecimiento de producción a partir de canalizar parte del ahorro nacional.

Con lo cual, podemos ver que no es la falta de ahorro la que limita la inversión, sino la competencia que ejerce el sector público para financiar los crecientes déficits fiscales, los que terminan absorbiendo ese ahorro al ofrecer mejores condiciones crediticias al capital.


Por Ignacio Zorzoli, para La Derecha Diario.

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