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Le faltan 40 mil votos a Javier Milei en Capital, que podría garantizar Gómez Centurión

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Por Facundo Bello Gutiérrez, miembro de Jóvenes NOS CABA


Hoy el panorama electoral porteño es desde cualquier lugar que se lo mire absolutamente impredecible. En este contexto repleto de candidatos progresistas y edulcorados, más preocupados en traicionarse entre ellos que en defendernos frente a los atropellos del gobierno nacional, no son pocos los conservadores y nacionalistas que ven con buenos ojos la candidatura del economista liberal Javier Milei en la Ciudad. 

Podríamos dedicar páginas enteras a interesantes discusiones doctrinales sobre los principios que separan al liberalismo y al conservadurismo desde hace siglos, pero hoy quiero hablar de algo mucho más tangible: los enemigos que los unen. 

Milei es una personalidad mediática, un brillante economista que ha logrado convertirse en un auténtico y genuino referente. Sin dudas el optimismo con respecto a su candidatura es algo muy bueno, el triunfo de quienes tienen rectas intenciones y comparten valores no debe ser motivo de desaliento. Pero escribir para halagar o endulzar los oídos del lector es algo muy peligroso. Es muy fácil e inocente soñar, pero es extremadamente peligroso confiarse con aires triunfalistas.

Javier Milei sabe despertar grandes pasiones, pero también muy profundas antipatías entre quienes lo escuchan; quizás infundadas, pero a fin de cuentas reales. Esto lo lleva a tener una notable imagen positiva pero también una gran imagen negativa, que en el pequeño microclima de las redes sociales no se llega a comprender; los candidatos polémicos se ven encerrados entre un piso y un techo, por eso nuestra casta política siempre apela a quedar bien con Dios y con el diablo. 

La sociedad suele encasillar a las figuras públicas según su percepción del fin que persiguen. Hasta no hace mucho, Milei era visto no como un político (algo de lo que él mismo se distanciaba) sino que aparecía en el imaginario popular como “un excéntrico economista” que montaba un show mediático para muchos cargados de magistrales verdades económicas mientras que para otros, usualmente de la izquierda, repetía un discurso plagado de insultos y dogmas monetaristas.

Más allá de las apreciaciones particulares y de las críticas (así y todo, fue esta la forma en que logró notoriedad) se evidencia que hacer una transición de personaje mediático a político no siempre es efectiva y automática, y depende mucho del contexto en el que se haga. La decisión del economista de ser candidato de un día para el otro resultó para algunos una contradicción con su discurso pero para otros tantos un destello de esperanza.

Un caso concreto

Respecto a estos casos de transiciones de figuras mediáticas a figuras políticas alrededor del mundo (y especialmente en los nuevos movimientos de derechas) hay un factor común que pretendo mostrar con el ejemplo de Donald Trump.

El excéntrico empresario no logró su triunfo electoral de 2016 por cuenta propia. Esto requirió del extensivo apoyo de la mayoría silenciosa (en Estados Unidos: religiosos, usuarios de armas, veteranos de guerra, movimientos provida, sectores rurales, etc.) de todos lados del país. Sin el acompañamiento de un reconocidísimo político ultraconservador de carrera que homologó y articuló su candidatura, el carismático multimillonario no hubiese llegado tan lejos: ese hombre fue Mike Pence, cuya actuación en la recta final del mandato de Trump fue seriamente cuestionada, pero a fin de cuentas fue esencial para su victoria en 2016.

Creo fundamental que la transición de la figura mediática de Javier Milei a una figura política (sin perder el componente antisistema) solo puede darse con el respaldo del conservadurismo argentino. He oído varias veces una frase que si bien no comparto desde lo doctrinal me parece razonable desde lo político: “el vehículo histórico del liberalismo ha sido el conservadurismo”.

Prueba de esto son las múltiples medidas fiscales que han emprendido y defendido conservadores como Bolsonaro, Abascal u Orbán, mientras liberales progresistas de sus propios países defendían políticas de género o subsidios a clínicas de abortos, y se olvidaban de su propia agenda que los llevó al poder.

He aquí mi primera conclusión personal: Javier Milei difícilmente podría llegar per se a los sectores católicos o evangélicos más conservadores, a las fuerzas armadas y de seguridad, al nacionalismo católico y al peronismo conservador si no es con el respaldo de una figura como Juan José Gómez Centurión, héroe de guerra, abanderado de la causa provida y quien en 2019 se nutrió de un gran aporte proveniente del peronismo ortodoxo, el componente de base que se necesita para dejar de arañarle al macrismo “votos gorilas” de barrios de clase media alta. 

El candidato a diputado nacional de NOS, subestimado por muchos, necesitará de 250 mil voluntades bonaerenses que lo acompañen (en 2019 obtuvo más de 170 mil votos solo en Buenos Aires) para consagrarse con por lo menos una banca este año.

Por supuesto, de más está decirlo que nada de esto es “gratis” políticamente. En primera instancia no puede ser cualquier liberal quien ocupe ese lugar. La mayoría de los economistas que hoy llenan los espacios de televisión son ignorantes de la realidad política y de la “rosca” como tal; desconocen y minimizan la verdadera batalla cultural contra el progresismo (los lobbys abortistas, ecologistas, feministas, LGBT, etc.) y por último, son financiados desde fundaciones extranjeras que necesariamente los formatean para destilar un marcado antiperonismo, una afinidad con el macrismo y muchas veces como alfiles de intereses extranjeros

Javier Milei evidentemente no es perfecto, podemos discrepar en varios aspectos con él; pero ciertamente carece de los mencionados defectos. Invocando a la buena memoria del lector, en 2018 el economista liberal se plantó en la televisión abierta frente a la farándula y manifestó no solo su rechazo al aborto sino que incluso al aborto producto de las 3 causales, algo que muchos activistas celestes suelen esquivar frente a las cámaras… 

En números…

Esto no se trata de un proyecto nacional ni de un gobierno en 2023, ambas cosas distan mucho de la realidad política actual y estas cuestiones todavía son muy lejanas a nosotros. Hoy hago referencia a los acontecimientos en la Ciudad de Buenos Aires, distrito muy favorable para el liberalismo y a la vez muy hostil para el peronismo y el conservadurismo.

Para ir a los números, que he estado analizando desde mediados del año pasado, pretendo primero tener presente una consideración no menor. De 38 encuestas variopintas realizadas en 2019 tras el cierre de listas, el Frente Despertar de José Luis Espert obtuvo en todas ellas una mayor estimación de votos que el resultado final (2,23%). Por el contrario, Gómez Centurión obtuvo en todas ellas menor estimación que el resultado que finalmente alcanzó (2.72%). El promedio total de las encuestas del primero casi duplicaba al segundo. Con este dato solo busco mencionar la usual infrarrepresentación del voto conservador en la escena pública.

En segunda instancia, y a efectos de evitar el sesgo de los consultores financiados por el gobierno nacional y porteño (cuya finalidad es reducir las fuerzas que podrían restarle votos), apelo a fomentar un equilibrio entre estas, aquellas encargadas por el kirchnerismo (que buscan inflar esos sectores para erosionar a Juntos por el Cambio) y otras encuestas más sensatas.

Si prestamos detenida atención a esto podemos estimar a fines de junio la intención de voto de Javier Milei entre un 5% y un 7% (algunas encuestas que lo combinaban erróneamente con Ricardo López Murphy se acercan al 10%, otras en lugar de mencionar al economista porteño miden a un Frente Libertario apoyado por Espert que ronda un 4%). Por supuesto estamos considerando encuestas públicas circunscritas a la Ciudad de Buenos Aires.

La Consultora Clivajes, por ejemplo, le da a Milei un 2,3% (favoreciendo a Juntos por el Cambio y a Vidal especialmente). Giaccobe, por otro lado, le da a un 5,4% (en 2019 pronosticó a Espert con cerca de 8 puntos). La consultora Proyección un 6,2% con Vidal como cabeza de lista de Juntos por el Cambio. Por otro lado, Tendencias un 4,4%, esta consultora es favorable al Frente de Izquierda. Management & Fit le da a los libertarios en CABA un 4,4% encuestadora afín a Larreta y Schiaretti. Por último, Opinaia le otorga a los liberales un 7% (aunque refiriéndose a un espacio común entre Milei y López Murphy). Recordemos que la cifra repartidora por el sistema D´hont se sitúa en torno a un 7% en la Ciudad de Buenos Aires.

El voto conservador porteño

Uno de cada 100 porteños votó a Gómez Centurión en 2019. La boleta presidencial de NOS en la Ciudad de Buenos Aires obtuvo poco más del 1% de los votos en las PASO de 2019. Claro está que es un margen muy escaso, pero de la ciudad más progresista de Argentina no se puede esperar mucho más.

Por otro lado, la boleta presentada con el sello de la Democracia Cristiana y llevando al pastor Gabriel Ballerini como candidato a diputado obtuvo en esa misma elección simultánea algo más que el 0,90% de los votos. Lo que es menester destacar es que si bien ambas boletas fueron separadas obtuvieron una cantidad proporcional de votos, un poco más de 20 mil votos.

En conclusión, y cruzando datos a nivel comunal, estamos hablando de un electorado bastante cohesionado que responde a mismos patrones de voto, un sector esencialmente provida y religioso, descontento con la tibieza del PRO, un nacionalismo y peronismo repelido por el progresismo K, y un sector representado por las consignas de mano dura y favorables a las fuerzas armadas y de seguridad.

Se podría objetar que pasada la discusión del aborto (que en su momento supo unirlo) ese electorado yace extinto. No obstante, el último Termómetro Ciudadano de Opinaia (una de las pocas consultoras que mide a NOS en la Ciudad de Buenos Aires) muestra como no solo permanece sino que se duplica, de un escaso 1% pasa a representar un 2% que en valores nominales (ignorando la diferencia de participación) representaría unos 30 a 40 mil votos.

Opinaia había medido la intención de voto de NOS en la Ciudad de Buenos Aires en enero dando también un 2% como resultado. NOS no solo retiene, sino que aumenta al voto conservador en el distrito más hostil a sus ideas.

Debe constar que este voto no representa a ningún candidato porteño específico sino que más bien representa a un sólido grupo de votantes que se identifican con la figura de Juan José Gómez Centurión en la Ciudad de Buenos Aires. Con un candidato propio no cabe la menor duda que NOS podría estirar mucho más ese margen.

Javier Milei necesita de NOS

Frente a estos números, para muchos podría tratarse de un panorama desolador o demasiado pesimista. Pero siendo que hablamos de espacios antisistema que compiten por fuera de la grieta parece más bien un panorama muy alentador

Muchos no son conscientes de la maquinaria que está detrás de los candidatos del macrismo y el kirchnerismo, del dinero que mueven y del poder y experiencia que poseen. La sola posibilidad de que ingresen al Congreso Juan José Gómez Centurión por la Provincia de Buenos Aires, Javier Milei por la Ciudad y, con mucha esperanza, algún diputado conservador del interior, es suficiente para trazar una alternativa por derecha para 2023 que condicione la forma de hacer oposición.

Voces totalmente disruptivas que ganarían sus bancas con total mérito y respaldo popular en un Congreso plagado de acomodos e ineptitud producto de las listas sábana.

Existen en estas elecciones porteñas dos opciones. La primera opción es que en esta recta final Javier Milei realmente supere ese evidente techo momentáneo que muestran multitud de encuestas desde hace un tiempo y obtenga algo más que un 7%, quizás escalando hasta un 10%, recolectando votos indecisos y superando holgadamente los 130 mil votos que necesita. Ese caso, sería desde ya, muy bien acogido por muchos entre los que me incluyo.

Pero también existe otra opción: que realmente ese techo exista, que esa transición a una figura “más política” todavía no esté completa y que el voto indeciso se reparta proporcionalmente entre los principales candidatos como usualmente ocurre.

Existe la posibilidad de que el segmento joven y libertario, muy activo en las redes sociales, realmente no alcance para compensar el desencanto en otros sectores de más edad (la Ciudad de Buenos Aires tiene la población más longeva del país), que se sientan capturados por el liberal Ricardo López Murphy o por cualquier candidato moderado del PRO (los porteños son extremadamente moderados) y que las encuestas que hablan de entre un 5% y un 7% sean efectivamente ciertas o que el porcentaje sea incluso menor.

En este último caso, ignorando las variables producidas por el alto absentismo electoral (previsto tras las jornadas electorales de Misiones y Jujuy) y considerando que la cifra repartidora se sitúe en un 7% (o incluso más) producto del alto voto en blanco y de los partidos que no obtengan escaños, sería un panorama mucho más riesgoso para Javier Milei (el año pasado el Frente de Izquierda superó con creces el 6% con más de 120 mil votos y aun así no logró conseguir la banca de Myriam Bregman debido a la alta polarización entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos).

Tal como mencionamos, podríamos especular en un Congreso repleto de diputados conservadores, nacionalistas y liberales para 2021. Pero eso solo serviría para acrecentar egos e ilusiones que puertas para afuera no sirven de nada. Estas líneas tienen como fin para evitar justamente ese excesivo optimismo que caracteriza a muchos y por eso concluyo esta nota advirtiendo sobre el costo de ignorar a la poderosa maquinaria del larretismo, dispuesta a emplear todo tipo de medios para ganar a cualquier costo la elección y la mayoría en el Congreso y la Legislatura.

Ese peligroso optimismo guiado por la ilusión infantil desconoce pronósticos alternativos (muchas veces más realistas que los oficiales) y puede llevar a cometer el imperdonable error de que el candidato libertario se quede a 40 mil votos de ser diputado… 

40 mil votos porteños cuya llave tiene nada menos que el Mayor Juan José Gómez Centurión. 

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Elecciones 2021: ¿Por qué Milei?

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#Opinión Diego Barceló Larran, economista, cofundador del Club de los Viernes España y reconocido autor hace un análisis crítico de las elecciones de medio término en Argentina.

Aunque en el habla popular se usan expresiones como “esto va a reventar”, “estallar”, “explotar” o similares, la verdad es que ni los países ni las economías “revientan”, “estallan” o “explotan”. Simplemente, decaen. Y son sus ciudadanos quienes experimentan la decadencia

Desde la batalla de Pavón (1861) hasta el golpe de Estado fascista de 1930, la historia argentina fue la historia de un éxito. Donde había malones, empezó a haber inmigrantes laboriosos. Donde había caminos de tierra, empezó a haber vías férreas. Donde había analfabetismo, llegaron las escuelas.

Argentina fue capaz de absorber millones de inmigrantes europeos sin que hubiera desempleo ni conflicto social, gracias a algo que hoy parece imposible: una economía libre, abierta al mundo, sin un banco central y con cuentas públicas en orden. Un país sin “Estado presente” ni “justicia social” (entiéndase la ironía), pero con trabajo para todos, sin inflación, con impuestos razonables, sin “ñoquis” y respeto internacional.

No fue un milagro. Fue el éxito lógico de poner en práctica las ideas liberales de la Constitución de 1853. Éxito que esas mismas ideas consiguieron antes (el caso de EE.UU.) y después (por ejemplo, la reconstrucción alemana de posguerra). Éxito que se repetirá en nuestro país el día que la gente vote a dirigentes dispuestos a implementarlas otra vez.

En las próximas PASO, en la Ciudad de Buenos Aires, se puede elegir entre alguna de las variantes más o menos “línea dura, o más o menos “línea blanda, del intervencionismo estatista que nos trajo hasta aquí. Se puede volver a dar una oportunidad a gente que, por uno u otro motivo, ya fracasó. Se puede votar como un “loco”, cuya definición en una elección sería votar las mismas ideas esperando que den un resultado diferente. O se puede votar a Javier Milei.

Milei es el primer candidato en no sé cuántos años que defiende de manera explícita (¡y a los gritos!) las ideas de la libertad. Además de defender las únicas ideas que hicieron de la Argentina un país próspero, su candidatura tiene un mensaje: le dice a la casta política que ya no son los “dueños de la pelota”.

Milei encabeza una alternativa surgida desde fuera de esa casta. Nosotros tenemos la posibilidad de apoyarla, para que se fortalezca, o hacerla irrelevante. La posición intransigente de Milei (“vos no podés negociar con el zurdo; no se negocia porque te van a llevar puesto”) no es soberbia ni antidemocrática: es la forma lógica de mostrar que su candidatura expresa un quiebre con las ideas y las formas de la vieja política

Para votar a Milei no hace falta compartir el 100% de sus ideas. Basta querer castigar la ineptitud. Basta compartir la idea de que el gobierno, sus gastos, sus impuestos y su intervención han ido demasiado lejos. Basta querer demostrarles a los políticos de toda la vida que no somos corderos ni rehenes. 

Dicen que la candidatura de Milei fragmenta la oposición. Pero no es Milei quien la fragmenta. Toda unidad que no esté basada en grandes ideas comunes es una estafa. Margaret Thatcher definió el consenso como “el proceso por el que se abandonan todos los principios en busca de algo en lo que nadie cree, pero a lo que nadie se opone; el proceso de esquivar los problemas que deben resolverse porque no se puede alcanzar un acuerdo sobre el camino por seguir”.

Ese “consenso” opositor es lo que está detrás de la decepción por el gobierno no peronista que no cumplió las expectativas. Esa decepción es la que abre el espacio para que exista un Milei. Aunque no esté reconocido de manera explícita, existe el derecho a aceptar la decadencia.

En Argentina se viene ejerciendo con profusión desde hace demasiado tiempo. Ahora tenemos la oportunidad de protestar contra nuestra decadencia de la forma más útil en democracia: votando en positivo. En lugar de quedarnos en la pataleta del “que se vayan todos” (aunque después se quedaron), elegir con nuestro voto al sustituto de los fracasados: Javier Milei.


Por Diego Barceló Larran, para La Derecha Diario.

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Cambio Climático: el peligro de la reducción súbita de emisiones

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#Opinión Los fenómenos extremos adjudicados al cambio climático desde el inicio de la cuarentena pueden haber sido paradójicamente por la reducción súbita de emisiones.

Hemos visto diferentes fenómenos climatológicos extremos en el último año. En el sur de nuestro país hubo nevadas atípicamente abundantes durante el invierno del 2020, mientras que el invierno de este año fue notablemente seco, sin precipitaciones de nieve y con la mayor bajante del Río Paraná en 77 años.

Pero estos fenómenos no se limitan a nuestro país, dado que durante julio del 2021 se registraron lluvias atípicas en Europa y en Asia, y olas de calor extremo en algunas zonas del oeste de Estados Unidos y en Grecia, que resultaron en graves incendios forestales. Políticos y formadores de opinión se apresuran a vincular estos fenómenos al cambio climático. Sin embargo es posible que estos fenómenos no sean lo que parecen.

Las temperaturas medias del planeta han estado aumentando en forma paulatina desde el 1900 a razón de aproximadamente 1 grado cada 70 años. Si bien todavía es motivo de debate, es ampliamente aceptado en la opinión pública y en el ámbito científico que esta evolución de la temperatura global se debe aunque sea en forma parcial a la actividad humana, y en particular a la generación de grandes volúmenes de contaminantes.

Hoy en día a este lento aumento de temperatura, junto con otros fenómenos atmosféricos y terrestres complejos, se los engloba en el concepto de “Calentamiento Global” o “Cambio Climático”. Existe un fuerte impulso en Occidente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aerosoles, consideradas la principal causa de calentamiento global generada por el hombre. Se considera que uno de los resultados del calentamiento global es el incremento de fenómenos meteorológicos extremos.

Es probable que sea por esto que, ante la variedad de fenómenos extremos que hemos visto durante este año, que causaron pérdidas de vidas y cuantiosos daños materiales, muchos políticos y formadores de opinión se apuraron a vincular estos fenómenos con el cambio climático y a llamar a tomar medidas drásticas de reducción de las emisiones. Sin embargo, existen muchos indicios de que la relación entre el cambio climático y los desastres climáticos del 2020 y 2021 no es tal.

Al comienzo de la pandemia del SARS-CoV-2 se probaron restricciones estrictas a la circulación y en general a toda actividad humana. El primer lugar en implementar restricciones fue naturalmente en China, donde se originaron los primeros contagios, pero la ola de restricciones continuó alrededor del mundo.

Como resultado de estas restricciones se redujo drásticamente, y de la noche a la mañana, la emisión de aerosoles (partículas que se mantienen en suspensión en el aire) y de gases de efecto invernadero.

Según la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos en abril del año 2020 el consumo mundial de petróleo líquido cayó un 20%, promediando un 9% en todo el año 2020. Esto dio lugar a imágenes que recorrieron el mundo de cielos azules y aguas trasparentes. Por primera vez en más de 50 años se podía ver el Himalaya desde el norte de la India.

Sin embargo, eso es solo una parte de la historia. En artículos científicos recientes se ha estudiado la relación entre la reducción de la contaminación y otros fenómenos climáticos tales como el aumento de 20% en la concentración de aerosoles que se dio en Beijing, el aumento de la humedad ambiente y de la nubosidad en Corea del Sur, y un cambio en la dinámica del Monzón del Verano Indio, causando un aumento de precipitaciones en el sur de dicho país.

Por otro lado en ciudades de Asia y Europa se pudo observar un aumento de otro contaminante a nivel suelo: el ozono. Aparentemente la cantidad de ozono es regulada normalmente por óxidos de nitrógeno, un contaminante producto de la combustión en motores de automóviles. Al reducir la circulación de automóviles aumentó desproporcionadamente la cantidad de ozono.

Estos datos nos muestran claramente la complejidad del impacto sobre la atmósfera de los cambios que introdujo la caída de emisiones, si bien es todavía difícil para el mundo científico estimar la profundidad de estos efectos sobre el clima.

Es indudable la necesidad de conservar nuestro medioambiente saludable y de tomar medidas para reducir las emisiones a la atmósfera. Pero mientras que el Cambio Climático es un fenómeno lento y lamentablemente sostenido, la reducción de emisiones a causa de las restricciones a la circulación produjo un verdadero sacudón al sistema climático mundial.

En ese contexto, no se puede descartar que los fenómenos climáticos extremos que estamos observando desde el 2020 sean, aunque sea parcialmente, el resultado paradójico de reducir las emisiones en forma súbita, y al mismo tiempo un llamado de atención sobre la influencia de la actividad humana en el clima de nuestro planeta.


 Por Nicolás Silin, Ph.D. en Ingeniería y analista en mentorpublico.com

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El regreso del Talibán: Los paralelismos de Afganistán con la caída de Saigón

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#Opinión Afganistán está al borde de caer en el control de los terroristas talibanes, y mientras Estados Unidos se retira de la capital Kabul las similitudes con la caída de Vietnam del Sur se viralizan.

Afganistán luce como que todo se está degradando rápidamente ahí. Basta mirar las cadenas internacionales. Algunos y con razón recuerdan la caída de Saigón, capital de la Vietnam del Sur; pero me parece que ese espejo puede devolvernos una imagen alejada del contexto estratégico actual.

Este artículo se centra en una comparación entre ambos hechos, buscando aportar algo de claridad sobre un hecho enorme que ocurre ante nuestros ojos.

Empecemos por las similitudes:

  • Larga permanencia de fuerzas de EE.UU. y aliados en el territorio. Esto de por si indica imposibilidad de encontrar una salida política eficiente a la situación.
  • Intentos de controlar fuerzas insurgentes en todo el terreno. Grave error que se repitió en ambos casos. Este tipo de insurgencias requieren aproximaciones mucho más limitadas en su inicio.
  • Un gobierno central en Saigón y en Kabul poco o nada obedecido en el interior. Esto contribuyó mucho a la falta de capilarización de las decisiones y ciertamente enormes descoordinaciones.
  • Liderazgos políticos en Saigón y Kabul entre ineptos y escandalosamente corruptos.
  • Procesos para generar fuerzas locales en condiciones de combatir por sí mismas. En ambos casos se invirtieron fortunas y mucho desgaste en el intento de generar fuerzas eficientes allí donde sus gobiernos locales lucían ineptos y corruptos, pero los resultados fueron pésimas y nunca pudieron sobrevivir sin el apoyo directo de las Fuerzas Armadas norteamericanas.
  • Hastío político en EE.UU. por la falta de resultados. Ninguna democracia puede pasar años combatiendo sin que los ciudadanos presionen a la política por un fin de las acciones.
  • Resiliencia de la insurgencia para mantenerse operativa. Esto ha sido producto de errores en la concepción de la conducción de la guerra.

Vamos a las diferencias, lo más importante:

  • En Vietnam la insurgencia contaba con un ejército regular, el de Vietnam del Norte que es el que luego se hace del control del país. Recordemos que en Indochina, Vietnam del Norte mantenía tanto un ejército regular como otro de tipo irregular. En Afganistán el Talibán se mantuvo como fuerza irregular siempre.
  • En Afganistán, el Talibán es una fuerza irregular, con liderazgos varios, múltiples facciones y a definirse luego si logran hacerse del poder. Esto es muy importante. De hacerse con el poder, claramente veremos una lucha interna por el poder talibán. Eso ya ocurrió a principios de los 90.
  • La caída de Saigón significó una derrota para EE.UU. pero no una amenaza para la región, excepto quizás potenciando a China. Afganistán inmerso en una lucha entre el gobierno de Kabul con los talibanes y posiblemente luego una nueva entre ellos, será el lugar ideal para servir de santuario a cuanto grupo radicalizado islámico exista. Especialmente Al Qaeda, aunque hay decenas de otros grupos terroristas operando en Asia.
  • China y Rusia son potencias que pueden verse afectadas seriamente por una Afganistán talibanizada. Esto por lo que mencionamos antes. Las dos naciones tienen problemas con los terroristas islámicos y están muy cerca de Afganistán. El problema descansaba en EE.UU. y sus aliados, ahora les cae a ellos.
  • Hay dos actores de los que poco se habla, India y Pakistán. La enemistad entre ambas naciones se ha extendido a Afganistán desde hace décadas. Islamabad, capital pakistaní, se ha servido del Talibán desde sus inicios para influir en Afganistán y Delhi ha operado encubiertamente contra ellos. Esto no cambiará, y posiblemente aumente la acción encubierta de ambos allí.
  • No creo que salir de Afganistán signifique que EE.UU. deje de ser la potencia relevante global. Pero si es una muestra que todavía no se han comprendido acabadamente las características de un escenario híbrido de guerra y que las hipótesis que enfrenta a futuro son bien distintas y hacia ellas está encaminándose.

A futuro para Afganistán no descarto un escenario de mucha acción encubierta de distintas naciones, operaciones aéreas (abiertas y encubiertas) y enorme presión sobre Islamabad para que termine su apoyo al Talibán.

Esto mientras Beijing ha alcanzado una suerte de acuerdo con el Talibán para que puedan los chinos desarrollar su ruta de la seda por el territorio afgano. Apuesta inmensa la de China, frente a un actor como el Talibán que se muestra muy poco adepto a mantener acuerdos y que su mirada del mundo responde a conceptos medievales, alejados de nuestra comprensión.


Por Guillermo Lafferriere, para La Derecha Diario.

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