Cualquier uruguayo que hoy, en 2025, defienda la causa palestina en Gaza está, de facto, apoyando a Hamás. Esta organización islamista y terrorista controla la Franja de Gaza desde hace casi veinte años, reprimiendo a los propios palestinos. Su visión del mundo es totalitaria, apocalíptica y profundamente hostil a cualquier forma de pluralismo o libertad.
Y sin embargo, vemos a jóvenes universitarios uruguayos enarbolando con entusiasmo banderas palestinas, acusando a Israel de genocida y repitiendo eslóganes que, en muchos casos, niegan el derecho mismo del Estado de Israel a existir.
¿Cómo se explica esta paradoja?
1. Geopolítica: el viejo reflejo antioccidental
La causa palestina ha sido instrumentalizada durante décadas por regímenes autoritarios como la Unión Soviética, Cuba, Irán, Venezuela y hoy Rusia, no por amor al pueblo palestino, sino como herramienta para debilitar a Occidente.
En Uruguay, la izquierda ha bebido de esa tradición y mantiene vínculos ideológicos y materiales con esos países. La simpatía con Hamás muchas veces no es consciente, pero es funcional a esos intereses.
¿Pruebas? Las hay. En julio de este año, el embajador cubano participó activamente en un acto del Partido Comunista uruguayo. Esta es una forma de injerencia política abierta. ¿Su objetivo? Fortalecer narrativas que debiliten a Israel, Estados Unidos y Europa. ¿Resultado? Jóvenes repitiendo discursos diseñados a miles de kilómetros de distancia. Ninguno leyó la carta fundacional de Hamás.
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2. Cultura y psicología: el apocalipticismo útil
Hamás no es solo un grupo armado: es el brazo palestino de los Hermanos Musulmanes, organización islamista que predica una guerra santa contra Occidente. Pero muchos jóvenes uruguayos no logran ver esto.
Criados en un ambiente laico y progresista, no comprenden cómo funciona una mente adoctrinada en el fanatismo religioso desde la infancia. Entonces, colocan a los islamistas en la categoría de “oprimidos”, y a Israel —una democracia vibrante— como “opresor”.










