Lo que empezó como un “banco de desarrollo” creado en 2005 durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez para sellar la “hermandad” con Hugo Chávez terminó convertido en uno de los engranajes más eficientes de la máquina de evasión de sanciones del eje Caracas-Teherán. El Banco Bandes Uruguay S.A., filial directa del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (BANDES), no fue solo un canal para sacar divisas del país caribeño en plena crisis: formó parte esencial de la arquitectura financiera opaca que permitió a Nicolás Maduro desviar cerca de 7.800 millones de dólares hacia Irán entre 2006 y 2024.
Documentos de la Fiscalía de Estados Unidos y agencias de inteligencia, revelados por ABC y El Nacional en diciembre de 2025, son terminantes: Venezuela se transformó en “plataforma financiera y logística encubierta” para Teherán. Fondos chinos desviados, el FONDEN, el Fondo Conjunto China-Venezuela y bancos corresponsales en terceros países —entre ellos Uruguay— fueron los instrumentos. La ruta era clara: dinero salía de PDVSA o BANDES, pasaba por Bandes Uruguay o hubs como Panamá, Dubái y Hong Kong, se “limpiaba” con contratos ficticios de “cooperación bilateral” y terminaba en empresas iraníes o en la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Se habla de 4.689 millones en “proyectos conjuntos” y 3.132 millones en transferencias indirectas. Mientras Irán eludía sanciones y armaba drones y misiles, Venezuela se hundía en la miseria. Y Bandes Uruguay era la puerta de salida más cómoda y discreta.












