El Poder Ejecutivo detalla que el ajuste busca “salvaguardar el poder adquisitivo de los trabajadores y la estabilidad macroeconómica del país” y que “es preciso que los incrementos salariales guarden consistencia con la meta de inflación”, que tiene un rango de 3% a 6%.
Un delirio estatista
Un delirio pro estatal, considerando que la idea de que cada empleo público creado necesariamente destruye uno de mayor productividad en el sector privado se basa en la premisa de que los recursos (tanto monetarios como humanos) son limitados.
Cuando el gobierno decide expandir su nómina, esto generalmente implica aumentar la recaudación de impuestos o desviar fondos de otros sectores, lo cual reduce el capital disponible para el sector privado.
Este desplazamiento de recursos puede llevar a una disminución en la inversión privada, menos innovación y, potencialmente, la eliminación de puestos de trabajo en empresas que no pueden competir con la estabilidad y beneficios que a veces ofrece el sector público.
Además, el empleo público es menos eficiente debido a la falta de incentivos de mercado, lo que probablemente resultara en una menor productividad comparada con el sector privado, donde la competencia impulsa la eficiencia.