Hay una foto que circuló este miércoles por X y que dentro de unos años, cuando alguien quiera explicar cómo funcionaba el periodismo uruguayo en 2026, va a servir más que cualquier manual. Es una captura de WhatsApp. De un lado, Leonardo Haberkorn. Del otro, Eduardo Lust escribiendo que va a disculparse en público, que no quiere quedar como lo que no es, que es lo que le dice la conciencia al pasar de las horas. La publicó Haberkorn. La retuiteó Hounie con una síntesis en la que el que cede es, cuidadosamente, "el abogado Lust". Y ahí quedó, colgada para todos, la cabeza de un hombre que tres días antes había sido tratado en un estudio de televisión como si fuera un sospechoso.
Para entender la foto hay que volver al domingo. Lust fue a Doble Vía, en Canal 12, a hablar de lo que el propio programa anunciaba: la actualidad política, las empresas públicas, los sindicatos, Cabildo Abierto. Y lo que recibió fue una carpeta. Una deuda de 500.000 pesos con la Intendencia. Embargos. El título de escribano suspendido. Hasta ahí, pase: Lust es figura pública, tiene declaración jurada, y contestó. Pero la carpeta tenía más páginas. El colegio de sus hijos, la Scuola Italiana, y un atraso de hace casi veinte años que se cerró con un acuerdo y que no le costó un peso a ningún uruguayo. Un asunto de una familia, de una escuela y de sus abogados, convertido en pregunta de prime time para que sus hijas y sus hijos vean cómo se habla de su infancia como si fuera un expediente. Y de postre, qué piensa de Israel y Palestina. Un hombre sin cargo, sin cancillería, sin banca. La única utilidad posible de esa pregunta, Lust la vio enseguida: intentar fabricar una grieta entre él y Petinatti, el comunicador que lo hizo popular. Una grieta, dijo, que no existe y que no va a existir.
Esa no es una entrevista que sale mal. Es una entrevista que sale exactamente como se la escribió.










