El Puerto de Montevideo acumuló más días con interrupciones operativas por medidas gremiales que los que se pueden atribuir, en el mismo recorte de tiempo, a cierres sostenidos de dos terminales que trabajan bajo fuego: Izmail, en el Danubio ucraniano, y Haifa, en el Mediterráneo israelí. La cifra no la pone un columnista. La pone el relevamiento de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU): 35 días con episodios de interrupción en 2025 y 40 entre el 1° de enero y el 8 de setiembre de 2026. En todo 2025 el máximo se concentró en octubre. En 2026, el pico fue junio.
Eso no significa que el puerto entero se apague 40 jornadas corridas. El gobierno lo recuerda cada vez que la oposición pide esencialidad. El secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, precisó que no hubo “35 días de paro de la actividad portuaria”, sino días con “diversas medidas” y, en el recuento oficial, unas 175 o 178 horas de paralización. La distinción es real. También lo es el efecto: cuando la Terminal Cuenca del Plata (TCP) —80% Katoen Natie, 20% ANP— baja a una guardia gremial “insuficiente”, se mueve un buque a ocho o diez contenedores por hora, el patio de vacíos queda sin gente y los camiones esperan hasta 18 horas. La Intergremial de Transporte de Carga estimó pérdidas de facturación de US$ 400.000 a 500.000 por día. En octubre de 2025, siete días de conflicto le alcanzaron a la UEU para hablar de más de US$ 60 millones.
La comparación con la guerra no es literaria. Es operativa.









