La resistencia que la historia tapó: La historia de 10 partidos políticos alternativos de derecha liberal en Uruguay
Liberal con galera
porFederico Machado
Política
Los partidos políticos de ideología liberal hasta ahora no han tenido éxito en Uruguay.
En una tierra dominada por la cultura política batllista, donde el Estado y la centralización son pilares inamovibles del ordenamiento social —temas que ningún sector político de relevancia se atreve a enfrentar seriamente—, pequeñas voces de resistencia se cuelan en la historia y llegan hasta nuestros días a los listados de “partidos políticos del Uruguay” y a antiguas actas electorales.
La izquierda nacional tiene una narrativa bien desarrollada y una buena recopilación histórica de aquellos pequeños partidos alternativos del siglo pasado que encarnaron la lucha del socialismo, el comunismo y la socialdemocracia progresista.
Esto se debe en gran parte a que triunfaron, lograron romper el orden partidocrático y la hegemonía del Partido Nacional y el Partido Colorado cuando se unieron en un gran “Frente Amplio” en 1971, convirtiéndose en la fuerza política dominante del siglo XXI hasta nuestros días.
Sin embargo, la historia la escriben los que ganan y hemos perdido casi por completo aquel legado de los hombres que se atrevieron a enfrentar al poderoso Estado batllista lejos de las filas de la oposición institucionalizada y hegemónica del Partido Nacional y el herrerismo.
En este artículo buscaré rescatar y hacer honor —desde lo muy poco que se encuentra disponible— a las historias de la derecha liberal alternativa en el Uruguay.
Sin pretender ser una investigación histórica rigurosa, busco, desde una mirada microhistórica, alejarme del estudio de los grandes procesos políticos y centrarme en aquellas pequeñas historias de grupos minoritarios que se atrevieron a buscar algo diferente, enfrentando la hegemonía batllista y la partidocracia.
Les presentaré 10 partidos políticos minoritarios. En primer lugar, empezaremos por la Unión Democrática, partido que nace en 1919 con la aspiración de funcionar como una tercera fuerza con matriz empresarial y productiva.
La partidocracia naciente, representada en los partidos tradicionales blanco y colorado, estaba encabezada y dirigida por caudillos, doctores, líderes militares o intelectuales universitarios que copaban el poder de los partidos.
Ramón Díaz
Es entonces cuando grandes y medianos productores rurales, encabezados por el expresidente de la ARU, eminencia en derecho y posterior fundador de la Federación Rural, José Irureta Goyena, en conjunto con comerciantes y empresarios (como el emblemático Francisco Piria, fundador de Piriápolis, arquitecto y famoso alquimista uruguayo de raíces políticas blancas), deciden intentar formar una tercera fuerza política que represente al creciente sector empresarial y rural. Sobre todas las cosas, su enemigo principal fue el intervencionismo batllista y el exponencialmente creciente sector público que, desde tiempos inmemoriales, sufre nuestro país.
Su componente ideológico fue diverso: estaban aquellos productores rurales que se oponían duramente al intervencionismo y que podemos identificar como los clásicos ruralistas (que, como veremos más adelante, se verán motivados en muchas oportunidades a intentar consolidar su propia fuerza política).
Por otro lado, identificamos el pensamiento de Piria y sus seguidores. Aquí es importante aclarar que, si bien su novela de manifiesto político se titula El socialismo triunfante, no es ni cerca lo que hoy conocemos como socialismo: su modelo ideal está más emparentado con sociedades ultra descentralizadas y el socioliberalismo de Mill que con cualquier tipo de socialismo colectivista clásico o marxista.
Era lo que hoy podríamos llamar un “socioliberal” con tendencia hacia el federalismo. Lo que muchos frentistas no dudarían en llamar “fascista de ultraderecha”.
La Unión Democrática se presentó a las elecciones bajo el lema “Partido Demócrata” y, tras duros reveses previos a la elección —sumados a que la inminente y aplastante victoria del Partido Colorado concentraría el voto opositor en la opción nacionalista—, culminó con un fracaso electoral, obteniendo tan solo el 0,6 % de los votos (686) y acabando posteriormente con la fuerza política.
Sin embargo, podemos identificarla como la primera fuerza política de derecha liberal que logra presentarse electoralmente por fuera de los partidos tradicionales, siendo el décimo partido político en la historia del Uruguay y el séptimo sin contar escisiones estratégicas de los partidos tradicionales.
Los partidos ruralistas
Continuando en la línea de movimientos con una matriz rural, nos encontramos con dos partidos políticos hermanados: el Partido Agrario Popular de 1925 y el Partido Agrario de 1928. Ambos movimientos completamente outsiders, sin siquiera líderes mínimamente reconocidos, surgieron en el interior rural, en manos de pequeños y medianos productores rurales.
El campo, agredido por el batllismo reinante, tuvo sus pequeñas expresiones de resistencia por fuera de los partidos tradicionales cuando las demandas del interior no lograban hacer eco en el Partido Nacional. El primero (Partido Agrario Popular) se rompe por enfrentamientos internos antes de las elecciones, logrando tan solo 13 votos de una resistencia que se negó a abandonar el proyecto; y dos años más tarde intentarían fundar otro partido (el Partido Agrario), fracasando sin poder tener participación electoral.
Si queremos buscar un partido ruralista que haya logrado por lo menos una participación electoral mínimamente decente, debemos remontarnos a las elecciones generales de 1966, donde el Partido Agrario y del Trabajo, encabezado por el exitoso agricultor y especialista en fruticultura salteño Domingo Moizzo.
Aunque con una matriz mucho menos liberal que sus antecesores, logra establecerse mínimamente; gracias a los avances electorales y tecnológicos, obtiene 1616 votos.
Otro sucesor de este movimiento es el reciente “Por los cambios necesarios”, al cual apoyé con mi voto en el 2024, pero lo dejaré afuera de la lista por considerarse un fenómeno excesivamente reciente que no necesita rescate en este ejercicio de “microhistoria”.
Lo cierto es que gran parte de la historia el ruralismo fue un gran opositor al batllismo que, si bien ha tenido sus intentos de establecerse como fuerza política, su mayor auge y potencial fue desplegado dentro del Partido Nacional, con grandes hitos como el primer triunfo electoral histórico frente al batllismo de la mano de Benito Nardone y su alianza con el herrerismo (el herrero-ruralismo).
Blancos y federales
Sin embargo, la partidocracia demoró mucho en gobernar los espíritus naturalmente tendientes a la libertad del pueblo oriental; por mucho tiempo la identidad blanca “como hueso de bagual” no pudo ser encerrada bajo los límites institucionales de un partido político. De hecho, los blancos han tenido 5 diferentes partidos políticos a lo largo de la historia; si contamos también otros lemas estratégicos, localistas y coaliciones utilizadas con orgullo por los blancos, la cifra asciende a 10.
Dentro de los partidos políticos blancos escindidos del Partido Nacional, aquellos que han tenido más cobertura por parte de la historia mainstream han sido los blancos de izquierda, como el Partido Blanco Radical (de inspiración comunista) o el traidor aliado del batllismo “Nacionalismo Independiente”.
Sin embargo, también han existido partidos políticos blancos que han huido del Partido Nacional, pero hacia la derecha y con espíritu sumamente antiestatista.
Entre ellos se encuentra el Partido Saravista de 1934, donde dirigentes saravistas deciden separarse electoralmente del Partido Nacional y apuntar por su propia cuenta al Parlamento luego de diferencias internas con la hegemonía herrerista del Partido Nacional, obteniendo 1300 votos.
Por otro lado, nos encontramos con el partido más exitoso de esta lista: la Concentración Patriótica Cándida Díaz de Saravia, liderada por el saravista y antibatllista radical José Antonio Otamendi, que junto a otros dirigentes saravistas —sumados a los ya anteriormente escindidos en el Partido Saravista— fundan su fuerza política como una concentración de blancos disidentes y la nombran en honor a quien fuera esposa del caudillo blanco Aparicio Saravia.
Este partido, postulando solamente candidatos departamentales y a la Cámara de Representantes, logró 7800 votos, superando con diferencia incluso al Partido Comunista y entrando en el ranking de los partidos con más votos alcanzados en la historia del departamento de Cerro Largo.
Ser “blanco” no era ni de cerca un sinónimo de apoyar la hegemonía del Partido Nacional; la identidad blanca estaba más relacionada con una forma de ver la patria oriental y la política: una mirada más federal, menos cosmopolita y montevideana, más nacional, de un liberalismo entendido a la americana y no desde el jacobinismo francés o anglicano.
Era el partido el que debía adecuarse al ideario y la tradición política blanca, nunca los blancos de tradición debían someterse a las autoridades partidarias.
Ya que hablamos de la tradición federal de nuestro país y esas miradas más hacia la descentralización que tenían los blancos, es momento de rescatar —nuevamente desde esa mirada microhistórica— algunos de los movimientos políticos que nacieron únicamente con una visión hacia la descentralización. Entre ellos encontramos en primer lugar al Partido Federal, nacido en 1962, liderado por Manuel Sanjurjo.
Es el primer partido político en la historia de nuestro país que tiene como objetivo promover una mirada federal y descentralizadora; aunque no hay disponibles más datos, sabemos que fracasó con tan solo 70 votos.
Otro partido que tenía como objetivo una misión descentralizadora, pero esta vez extremadamente específica, fue el Partido por el Departamento de Solís encabezado por Ángel Fioroni, cuyo objetivo era secesionar el este de Canelones (con foco en la ciudad de Pando) y crear el nuevo departamento de Solís. Su propuesta era clara: Canelones es un departamento con muchos habitantes, grande y diverso; no tenía sentido un solo gobierno departamental centralizado en la ciudad de Canelones.
No podemos asegurar que se tratara de un movimiento de derecha liberal como tal, ya que su objetivo era muy concreto y contaba con apoyos de diferentes simpatías ideológicas; sin embargo, decido incluirlo en esta lista ya que su objetivo descentralizador concreto es por naturaleza liberal y federal, de modo que choca directamente con la idiosincrasia centralizadora del estatismo unitario uruguayo. A pesar de todo, fracasó brutalmente con tan solo 44 votos.
Los partidos liberales
Por último nos queda lo que más me compete a mí, que por años milité y participé activamente en alternativas de este tipo: estoy hablando de los “partidos liberales”, aquellos partidos que tienen como principio unificador el liberalismo. Así como la izquierda tiene partidos de corte meramente ideológico como el Partido Comunista, un partido liberal supone una fuerza política de principios ideológicos liberales estructuradores.
Resulta interesante que, si uno observa listas de lemas inscriptos en la Corte Electoral en la historia uruguaya, existen 4 “Partidos Liberales”; sin embargo, uno —que se supone fue creado en 1880— no tiene absolutamente ninguna información adicional más allá del nombre y el año en que fue creado; aparece en más de un listado, pero no tiene nada de información adicional ni haber participado en ninguna elección.
Movilización rural
Otro partido con la palabra “liberal” en su nombre es la “Unión Liberal” de 1855, el tercer partido en la historia de nuestro país después de las tradicionales divisas; sin embargo, esta solo fue una iniciativa de Andrés Lamas y otros doctores blancos para crear un tercer partido “civilizado” que superara el caudillismo bélico de las dos grandes divisas; no se podría decir que represente una derecha liberal ni mucho menos un partido con principios ideológicos liberales.
El primer “Partido Liberal” inscripto es de 1950, encabezado por Luis Strazzarin, y acaba obteniendo 23 votos. Pero nuevamente este también quedará fuera de la lista por falta de información a la que pueda acceder para corroborar el trasfondo real del partido o su motus ideológico.
Les recuerdo que la palabra “liberal” es muy bastardeada en la historia; no lo incluiré en la lista solo por tener la palabra “liberal” en su lema. De hecho, la primera presentación del Partido Socialista en el país fue con el nombre de coalición liberal-socialista en 1910.
Dicho esto, nos quedan dos partidos liberales que entran en la lista como tal: el Partido Liberal de 1966 y el Partido Liberal del 2002. El primero fue encabezado por Jorge Grassi y buscaba ser un partido articulador entre liberales que habían sido marginados o ya no tenían lugar dentro de los partidos tradicionales; no tuvo una vida muy duradera y obtuvo tan solo 74 votos, pero se asienta como el primer “partido liberal” del cual tenemos información en la historia uruguaya.
Por otro lado, tenemos al Partido Liberal del 2002, el partido más reciente de nuestra lista, ubicado ya en el siglo XXI; tiene figuras históricas para el liberalismo uruguayo como el economista Ramón Díaz o el propio Jorge Borlandelli. Por su modernidad, probablemente es el primero sobre el cual tenemos una interna detallada con distintos sectores como “Libertad para Elegir”, “Corriente Empresarial” o la triunfadora que llevaría a Julio Vera a ser candidato presidencial: “Defensa del Contribuyente”. Es el primer partido con una posición ideológica sólida y propuestas liberales duras sin pelos en la lengua, aunque lamentablemente acabaría fracasando con 1548 votos.
El rupturismo de derecha frente al rupturismo de izquierda prefrenteamplista
Habiendo hecho este “rescate microhistórico” de las pequeñas expresiones políticas alternativas de la derecha liberal en nuestro país, es momento de hacer algunas comparativas y el listado definitivo. Ténganse en cuenta que los criterios seleccionados para definir un partido como “derecha liberal” son personales y según contexto histórico-político; no hay mediciones científicas y pueden haber ciertas variaciones.
Sin embargo, la lista definitiva (siempre tomando únicamente partidos que llegaron a tener validez como lemas desde la Corte Electoral y con alguna participación electoral) incluiría:
- Unión Democrática
- Partido Agrario Popular
- Partido Agrario
- Partido Agrario y del Trabajo
- Partido Saravista
- Concentración Patriótica Cándida Díaz de Saravia
- Partido Federal
- Partido por el Departamento de Solís
- Partido Liberal (1966)
- Partido Liberal (2002)
TOTAL: 10
Incluyendo partidos más modernos que no precisan rescate histórico, se añaden a la lista:
- Partido Orden Republicano (2018)
- Patria Alternativa (2023)
- Partido Libertario (2023)
- Por los cambios necesarios (2024)
- Avanzar Republicano (2024)
- Partido Devolución (2024)
TOTAL: 16
Si analizamos la derecha rupturista y la comparamos con la izquierda rupturista previa a la unificación de fuerzas y aparición del Frente Amplio, encontramos ciertas similitudes: el número de partidos alternativos de izquierda que nacieron antes del FA es 16, la misma cantidad que tiene la derecha hoy (siempre en términos aproximados; no hay mediciones exactas sobre si las fuerzas son o no de izquierda o derecha).
Otra similitud que para mí es más relevante —ya que nos dice mucho más de la realidad política— es que, de los últimos 10 partidos inscriptos en la Corte Electoral antes de que surgiera el Frente Amplio, 6 eran partidos de izquierda de distinta naturaleza; y si observamos los 10 últimos partidos inscriptos en la Corte Electoral a día de hoy (contando a la recién inscripta “La Libertad Avanza”), encontramos los mismos números pero hacia la derecha: 6 de los últimos 10.
¿Qué nos quiere decir esto? En realidad no mucho, menos de lo que me gustaría creer; estoy analizando tan solo lemas y haciendo conteos con un importante componente arbitrario. Sin embargo, lo cierto es que la derecha liberal precisa de una unificación de sus fuerzas: los pequeños partidos rupturistas poco pueden hacer ante tanta fragmentación del mensaje; eso le deja el plato servido a falsos profetas.
El futuro de la derecha liberal como expresión política hoy es una gran incertidumbre; por lo menos espero que podamos aprender hoy de las experiencias de nuestros antecesores.