La Derecha Diario logo
ENX logoInstagram logoYouTube logoTikTok logo
ECONOMÍAOPINIÓNPOLÍTICASOCIEDAD
  • ENXInstagramYouTubeTikTok
  • Secciones
  • ECONOMÍA
  • OPINIÓN
  • POLÍTICA
  • SOCIEDAD
  • Países
  • La Derecha Diario logoLA DERECHA DIARIO
  • La Derecha Diario México logoLA DERECHA DIARIO MÉXICO
  • La Derecha Diario Ecuador logoLA DERECHA DIARIO ECUADOR
  • La Derecha Diario Bolívia logoLA DERECHA DIARIO BOLÍVIA
  • La Derechadiario República Dominicana logoLA DERECHADIARIO REPÚBLICA DOMINICANA
  • La Derecha Diario Israel logoLA DERECHA DIARIO ISRAEL
  • El Diario
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR

Telemundo miente: la inflación baja no es una catástrofe, es el único camino honesto hacia la prosperidad

Telemundo miente: la inflación baja no es una catástrofe, es el único camino honesto hacia la prosperidad
Telemundo
porPedro Ponce De León
Política

El noticiero de Canal 12 lanza una narrativa falsa.


Un reciente segmento de Telemundo Uruguay plantea con total naturalidad una pregunta que debería escandalizar a cualquier persona con nociones básicas de economía: «¿Por qué una inflación baja también preocupa?». El titular explica que la inflación está en 3,6 %, por debajo de la meta de 4,5 %, y advierte que si sigue cayendo habrá «menos consumo, inversión y empleo», además de «costos salariales» más altos y «menos recaudación» para el Estado.

Esta narrativa no es un error inocente. Es la cristalización perfecta del pensamiento estatista que durante décadas ha envenenado el debate público en América Latina: la inflación no es un mal que hay que erradicar, sino un parámetro macroeconómico que debe mantenerse en un rango «óptimo» (normalmente entre 3 % y 5 % anual) para que la máquina siga funcionando. Cuando baja demasiado, el sistema entra en pánico. ¿Por qué? Porque el modelo depende estructuralmente de la depreciación continua de la moneda.

La inflación no es un lubricante del crecimiento. Es un impuesto regresivo encubierto que opera mediante la expropiación silenciosa del poder adquisitivo de los saldos monetarios y de las rentas fijas. Cada punto porcentual adicional de inflación persistente transfiere riqueza de los agentes que llegan últimos al nuevo dinero (asalariados, jubilados, pequeños ahorristas, trabajadores informales) hacia los que llegan primeros (Estado, sector financiero con acceso preferente al crédito expandido, grandes empresas endeudadas en moneda local). Quien sostiene que una inflación del 3,6 % «preocupa» porque el Estado recauda menos está confesando, sin quererlo, que el fisco uruguayo (y el de muchos países vecinos) no puede financiarse sin licuar sistemáticamente los ingresos y patrimonios de los ciudadanos.

Repasemos los mecanismos por los cuales una inflación baja y sostenida cerca de cero aterroriza al establishment:

Efecto sobre la recaudación real del Estado

   El impuesto inflacionario (señoreaje) actúa sobre el stock de base monetaria y sobre los saldos en cuentas corrientes y de ahorro que no devengan intereses reales positivos. Cuando la inflación cae del 8 % al 3 %, el Estado pierde automáticamente varios puntos de PIB en capacidad de gasto sin necesidad de emitir más deuda ni subir impuestos visibles.

Eso explica el pánico: no es que la economía «necesite» inflación; es que el Estado necesita inflación para evitar recortar gasto estructural.

Ilusión de consumo y endeudamiento insostenible

Una expansión monetaria persistente genera tipos de interés reales negativos que estimulan el consumo presente y el endeudamiento a costa del ahorro futuro. Cuando la inflación baja y los tipos reales se vuelven positivos (o menos negativos), muchas decisiones de gasto que parecían rentables dejan de serlo.

El ajuste revela la insostenibilidad previa. Llamar a eso «menos consumo» es eufemismo; lo correcto es decir: se corrige la distorsión provocada por el dinero barato artificial.

Costos salariales «más altos» en términos reales

Aquí radica una de las mayores hipocresías. Cuando la inflación es alta, los salarios nominales suben, pero los reales se estancan o caen. Cuando la inflación baja, los salarios nominales crecen menos, pero el poder adquisitivo sube porque los precios se estabilizan.

Decir que «suben los costos salariales» solo puede entenderse desde la perspectiva del empresario que se beneficiaba de la licuación de salarios reales vía inflación. Para el trabajador, en cambio, es una ganancia neta.

Competitividad» ficticia y apreciación cambiaria

   Una inflación sistemáticamente más alta que la de los socios comerciales genera devaluaciones reales que benefician temporalmente a exportadores y sectores protegidos. Cuando la inflación interna converge hacia niveles internacionales (o cae por debajo), el tipo de cambio real se aprecia si no hay devaluación nominal compensatoria.

Eso «preocupa» a los sectores que vivían del subsidio implícito de la depreciación monetaria. Pero para el conjunto de la sociedad —que importa bienes de capital, insumos y tecnología— una moneda más estable y fuerte es una ventaja competitiva genuina.

El fantasma de la deflación

El argumento final de refugio es siempre el mismo: «si la inflación cae demasiado, entramos en deflación y se paraliza todo». La deflación genuina causada por crecimiento de productividad (más bienes y servicios con la misma cantidad de dinero) es benigna y ha sido históricamente compatible con enormes aumentos de bienestar real (siglo XIX en patrón oro, electrónica de consumo actual).

La deflación maligna (deuda-deflación de Fisher) surge cuando hay una contracción crediticia masiva tras una burbuja expansiva. La solución no es mantener inflación perpetua; es evitar la burbuja desde el origen mediante disciplina monetaria estricta.

Telemundo no inventa esta narrativa; la reproduce porque es la que enseñan casi todas las facultades de economía convencionales y la que repiten los bancos centrales de la región. Pero reproducirla sin cuestionarla es contribuir a perpetuar el mayor engaño macroeconómico de los últimos cien años: que una sociedad puede prosperar licuando sistemáticamente el dinero que usan sus ciudadanos.

La verdad es más simple y más dura:  
- La inflación no tiene ventajas netas para la sociedad.  
- Cada punto de inflación persistente es poder adquisitivo robado.  
- Una inflación cercana a cero no «preocupa»; es el síntoma de que se está recuperando la disciplina monetaria y se está protegiendo el ahorro y el salario real.  

- Si el Estado recauda menos con inflación baja, la respuesta no es subir la inflación: es bajar drásticamente el gasto público improductivo.

Hasta que los medios dejen de presentar la estabilidad monetaria como un problema y la depreciación perpetua como una solución, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: emisión, inflación, devaluación, ajuste, emisión otra vez. La salida es una sola: moneda sana, Estado mucho más pequeño y respeto irrestricto al derecho de propiedad sobre el fruto del trabajo y el ahorro legítimo.

Cualquier otra cosa es estatismo disfrazado de periodismo económico.


Noticias relacionadas

El pasado oscuro del senador socialista Gustavo González

El pasado oscuro del senador socialista Gustavo González

El caso Marset: la vergüenza que Lacalle Pou cargará para siempre

El caso Marset: la vergüenza que Lacalle Pou cargará para siempre

Denunciaron al operador político Eduardo Preve por agredir a una pareja

Denunciaron al operador político Eduardo Preve por agredir a una pareja

Censura: El gobierno de Yamandú Orsi persigue a usuarios críticos en redes sociales

Censura: El gobierno de Yamandú Orsi persigue a usuarios críticos en redes sociales

El ministro que llegó a administrar la derrota

El ministro que llegó a administrar la derrota

Liber Arce no era estudiante, era un agitador entrenado en la URSS

Liber Arce no era estudiante, era un agitador entrenado en la URSS

La Derecha Diario logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores
  • Donar

Privacidad

  • Protección de datos
  • Canales
  • Sitemap

Contacto

  • info@derechadiario.com.ar
PUBLICIDAD