La confirmación de la condena penal por corrupción contra Cristina Fernández de Kirchner —seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos— no generó el repudio esperado por parte del progresismo latinoamericano.
El Grupo de Puebla —junto al Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD)— denunció persecución política contra la corrupta argentina, advirtiendo sobre la afectación de sus «derechos políticos» y llamó a la comunidad internacional a pronunciarse. Sin embargo, el respaldo no fue unánime. Una vez más, quedó en evidencia la grave fractura que existe entre los líderes de la izquierda regional.
Orsi nunca lee nada, nunca sabe nada. En Uruguay, el presidente Yamandú Orsi fue consultado acerca de si compartía la declaración del Grupo de Puebla. Sin embargo, a pesar de ser miembro fundador del foro progresista, respondió con total despreocupación: “No leí nada, no tengo idea”.
Dejó clara su posición: “no corresponde opinar sobre decisiones judiciales de otros países”. Esto se reflejó en la ausencia de un comunicado formal que respaldara a la condenada por corrupción por parte del Frente Amplio.

Sin embargo, el Partido Comunista del Uruguay (PCU) sí lo hizo. Emitió su propio comunicado acusando directamente al sistema judicial argentino de practicar lawfare. Para el PCU, la condena a Cristina Fernández “no tiene base jurídica” y forma parte de una campaña sistemática para “eliminar políticamente a líderes populares en América Latina”.
El fracaso de Wado
La falta de respaldo del Frente Amplio y de Yamandú Orsi generó molestia en el kirchnerismo, que tenía puestas sus fichas en la gestión de Wado de Pedro, exministro del Interior y principal articulador del progresismo rioplatense.
Estuvo con el exterrorista José Mujica y lamentó públicamente su muerte. Se sacó fotos con dirigentes del Frente Amplio y celebró presencialmente la asunción del nuevo gobierno frenteamplista. Pero ahora, cuando la izquierda argentina más necesitaba respaldo, fracasó estrepitosamente.
No logró que el presidente uruguayo se pronunciara, ni que el Frente Amplio emitiera una posición institucional clara. “Fue nuestro enviado permanente a Uruguay, pero ahora ni un comunicado consigue”, se quejan en el entorno peronista. La operación diplomática de Wado quedó en evidencia: no pudo ni siquiera garantizar una reacción mínima.
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