La instalación de dos nuevos escáneres en el puerto de Montevideo en octubre de 2024 prometía ser un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico. Con tecnología de punta y un discurso oficial cargado de optimismo, las autoridades uruguayas aseguraron que estos dispositivos reforzarían los controles y cerrarían las puertas al tráfico de drogas hacia Europa y Asia.
Sin embargo, la realidad dista mucho de la retórica oficial: desde su puesta en marcha, no se ha decomisado ni un solo cargamento relevante de droga. Ni un “garoto”, como dicen los portuarios en su jerga. Pero lo más alarmante es lo que ocurrió con un contenedor marcado como “sospechoso” por el sistema: nadie lo revisó manualmente, siguió su viaje y, al llegar a Europa, se descubrió que transportaba cocaína.
Este incidente, lejos de ser un hecho aislado, expone una crisis sistémica en el principal puerto de Uruguay, un nodo crítico en las rutas globales del narcotráfico. ¿Falla humana? ¿Negligencia? ¿Complicidad? ¿O acaso los escáneres están “apagados” en los momentos clave? Las preguntas se acumulan, pero las respuestas brillan por su ausencia. Mientras tanto, Uruguay sigue apareciendo en investigaciones internacionales como una plataforma de tránsito para la cocaína, un rol que pone en jaque su reputación de país estable y transparente.
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Un puerto bajo sospecha
El puerto de Montevideo ha sido señalado durante años como un eslabón débil en la cadena de seguridad regional. En 2023, un caso emblemático destapó las vulnerabilidades: 10 toneladas de cocaína, ocultas en contenedores que partieron de Paraguay y pasaron por Montevideo, fueron incautadas en el puerto de Hamburgo, Alemania.

Las autoridades paraguayas admitieron entonces que el fallo no fue tecnológico, sino humano, y apuntaron a tres posibles causas: negligencia, complicidad o explotación de vulnerabilidades en los controles. Uruguay, por su parte, reforzó su narrativa de cooperación internacional, firmando convenios con Paraguay para compartir imágenes de escáneres y mejorar los controles. Pero los resultados concretos han sido escasos.
La llegada de los nuevos escáneres en 2024 fue presentada como una solución definitiva. Sin embargo, el caso del contenedor “sospechoso” que pasó sin revisión sugiere que el problema no radica en la tecnología, sino en los procedimientos –o en quienes los ejecutan–.
Este episodio no solo pone en duda la eficacia de los controles, sino que alimenta sospechas sobre posibles redes de complicidad dentro del puerto.
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Un cóctel de negligencia y opacidad
El narcotráfico no opera en el vacío. La capacidad de mover grandes cargamentos de droga a través de Montevideo requiere estructuras organizadas, redes de contactos y, en muchos casos, la vista gorda de quienes deberían garantizar la seguridad.










