SpaceX presentó el diseño de AI1, su primer satélite pensado para funcionar como un centro de datos orbital, en medio de la recta final hacia una salida a bolsa que podría convertirse en la mayor de la historia. La compañía de Elon Musk busca recaudar USD 75.000 millones con una valuación cercana a USD 1,75 billones, apoyada en una narrativa que ya no se limita a cohetes, Starlink o exploración espacial, sino que apunta directamente al negocio más disputado del mundo tecnológico: la infraestructura para inteligencia artificial.
Mientras los data centers terrestres enfrentan límites cada vez más visibles por consumo energético, uso de agua, disponibilidad de terrenos y saturación de redes eléctricas, SpaceX propone trasladar parte de esa capacidad de cómputo a la órbita. En el espacio, la energía solar puede aprovecharse de manera constante y la disipación térmica se realiza mediante radiadores diseñados para operar en el vacío, dos puntos críticos para sostener cargas intensivas de procesamiento.
Al1 Satélite.
Según la información divulgada por la empresa, AI1 tendría 70 metros de punta a punta y una altura de 20 metros cuando esté desplegado. El satélite fue diseñado para sostener una salida promedio de computación de 120 kilovatios y alcanzar picos de hasta 150 kilovatios, una escala comparable al consumo de racks de alto rendimiento utilizados en centros de datos terrestres para inteligencia artificial.
Uno de los puntos clave del proyecto será la gestión del calor. SpaceX planteó una arquitectura de radiador líquido con bucles de bombeo redundantes y protección frente a impactos de micrometeoroides, una señal de que la compañía intenta presentar el sistema como algo más que una maqueta promocional para inversores. La operación en órbita exige resolver problemas de temperatura, mantenimiento, conectividad y vida útil con un margen de error mucho más bajo que en tierra.
Musk sostuvo que AI1 aprovecha desarrollos del programa Starlink V3 y aseguró que, en términos de diseño, sería más simple que un satélite tradicional de internet satelital. Según su explicación, la plataforma se reduce a tres componentes principales: celdas solares, radiadores y enlaces láser, sin la complejidad de antenas que requiere Starlink para brindar conectividad a millones de usuarios.
La primera generación de estos satélites utilizaría componentes de Nvidia, el proveedor que hoy domina el mercado global de chips para inteligencia artificial. No se trata solamente de lanzar hardware al espacio, sino de vender capacidad de cómputo en un mercado donde la demanda por procesamiento es creciente.
Elon Musk.
La compañía también prepara una instalación industrial llamada Gigasat en Bastrop, Texas, donde ya produce terminales de Starlink. El objetivo sería apoyar la fabricación de esta nueva línea sobre una base productiva existente, una ventaja decisiva si el plan escala desde pruebas iniciales hacia una constelación masiva.
SpaceX apunta a realizar demostraciones de computación orbital hacia fines de 2027, antes de un posible despliegue más amplio desde 2028. Además, la empresa solicitó permisos para desplegar hasta un millón de satélites de centros de datos, una cifra que expone la magnitud del plan.