La reina Camila participó plenamente en la visita tras recuperarse de una sinusitis aguda que le impidió asistir al funeral de la duquesa de Kent días antes. Entre los miembros de la delegación estadounidense destacaron el secretario de Estado Marco Rubio y el enviado especial Steve Witkoff, quienes también participaron en la procesión en carruaje.
El evento reunió a unos 1.300 efectivos del Ejército, la Marina y la Real Fuerza Aérea británica, conformando la mayor guardia de honor jamás organizada para una visita de Estado. La magnitud de la ceremonia busca reforzar los lazos con Estados Unidos en un contexto geopolítico clave, especialmente respecto al apoyo a Ucrania y a la OTAN.
Aunque todo se desarrolló en espacios privados como Windsor y la residencia oficial del primer ministro en Chequers, hubo protestas izquierdistas tanto en Londres como en Windsor.
















