El Banco Central del Uruguay resolvió, por unanimidad, bajar la Tasa de Política Monetaria en 75 puntos básicos hasta dejarla en 5,75 %. Séptimo recorte consecutivo. El comunicado oficial cita la incertidumbre por el conflicto en Medio Oriente, el comportamiento del dólar y el riesgo de que la inflación —hoy en 3,46 % interanual— quede por debajo de la meta del 4,5 %. Prometen “monitorear” los acontecimientos.
Esta medida no es un ajuste técnico. Es la repetición exacta del mecanismo que genera todos los ciclos económicos: la creación artificial de crédito fiduciario por parte de un sistema bancario amparado en el monopolio central.
Cuando el Banco Central reduce la tasa inyectando liquidez, los bancos comerciales multiplican ese crédito mediante la reserva fraccionaria: crean depósitos a la vista que no están respaldados por ahorro real previo. Ese dinero fiduciario —pura creación ex nihilo— llega primero a los empresarios y les hace creer que existe más ahorro voluntario en la sociedad del que realmente hay.
El resultado inmediato es una distorsión profunda en la estructura temporal de la producción. Los proyectos de inversión se alargan artificialmente: se multiplican las etapas más alejadas del consumo (maquinaria pesada, construcciones a largo plazo, bienes de capital complejos) mientras se descuidan las etapas más cercanas. Los recursos se desvían hacia usos que solo serían rentables si los ahorradores reales hubieran decidido postergar su consumo presente. Esa es la malinversión sistemática: una coordinación intertemporal falsa que no puede sostenerse porque no hay ahorro genuino que la respalde.
El ciclo es inevitable y sigue siempre el mismo patrón: primero viene el boom, con euforia crediticia, suba de precios de activos y aparente prosperidad. Luego, cuando los proyectos maduran y revelan que faltan bienes intermedios o que los costos reales son insostenibles, estalla la crisis: quiebras en cadena, desempleo, contracción crediticia y ajuste forzoso. La historia uruguaya lo demuestra con claridad dolorosa.










