Este viernes, en el marco de la Expo Prado, la Confederación de Cámaras Empresariales (CCE) puso el dedo en la llaga. Leonardo Loureiro y otros referentes del sector privado no se limitaron a pedir menos trámites. Reclamaron medidas concretas sobre dos costos estructurales que pesan como una losa: la energía y la logística. Sin tocarlos, dijeron, Uruguay no mejorará su capacidad de competir.
El diagnóstico no es nuevo, pero la urgencia sí. Uruguay tiene una matriz eléctrica mayoritariamente renovable, un activo ambiental reconocido. Sin embargo, las tarifas que pagan las empresas siguen por encima de las de Argentina, Brasil y Chile en varios segmentos industriales. El gasoil, a su vez, carga con sobrecostos que financian el boleto urbano y otros subsidios. Esos pesos extra se trasladan a la producción agropecuaria, industrial y de transporte. En el puerto de Montevideo, las tarifas de contenedores han vuelto a niveles previos a promesas de baja, mientras la operativa enfrenta cuellos de botella. El resultado es previsible: costos más altos que los de la región y márgenes más estrechos para exportar.











