El déficit no es un accidente. Es el resultado inevitable de un sistema que desprecia la propiedad privada y eleva el gasto público a la categoría de virtud.
El Ministerio de Economía y Finanzas acaba de confirmar lo que cualquier persona con sentido común ya intuía: el resultado del Sector Público Global se ubicó en un déficit de 4,4% del PIB en el año móvil cerrado a julio de 2026 (excluyendo el efecto contable del Fideicomiso de la Seguridad Social II). Los ingresos del Gobierno Central-BPS mejoraron levemente gracias a la recaudación de la DGI y llegaron a 27,9% del PIB. Los egresos primarios se mantuvieron en 28,7%. Los intereses subieron a 2,4% del PIB. Y el resultado de las empresas públicas empeoró a -0,1% del PIB, arrastrado por la acumulación de stocks de crudo y derivados de Ancap.









