El décimo decil de mayores ingresos en Uruguay enfrenta una de las cargas tributarias efectivas más altas de la región cuando se suman IRPF máximo (36%), IVA, aportes patronales, Impuesto al Patrimonio, Contribución Inmobiliaria, tasas consulares y el sinfín de tributos ocultos. Resultado: casi no les queda margen para ahorrar.
El que gana bien paga hasta el aire que respira y, cuando intenta invertir, el Estado lo persigue otra vez con más impuestos.
Sin ahorro interno genuino, Uruguay se volvió adicto a dos cosas:
1. La inversión extranjera a la que hay que hacerle “países a medida” con exoneraciones fiscales grotescas (zonas francas, ley de promoción de inversiones, PPP truchas, etc.).
2. El endeudamiento externo para financiar el déficit público monstruoso.















