La gestión del exdictador socialista Rafael Correa en Ecuador, desde su ascenso al poder en 2007, es conocida como la "Revolución Ciudadana", una serie de reformas que buscaban llevar imponer un dictatorial régimen socialista en el país.
Sin embargo, tras una década de gobierno, solo quedó un legado marcado por el autoritarismo, la corrupción y la destrucción de las bases democráticas del país.
Las prácticas políticas de Correa y las dinámicas de poder de su régimen dejaron claro que su visión de "socialismo del siglo XXI" fue la excusa para consolidar su propio control y enriquecer a su círculo cercano, como ocurre siempre con los políticos de izquierda.
El control mediático y la persecución a la oposición
Desde el comienzo de su mandato, Correa se presentó como un líder popular, promoviendo un discurso en contra de las "élites corruptas" y utilizando su oratoria en las sabatinas – transmisiones semanales en cadena nacional – para cultivar su dictatorial culto a la personalidad.
Estas emisiones no solo servían para exponer sus falsos "logros", sino para atacar y perseguir a la oposición, los medios de comunicación y a cualquier figura que osara cuestionar su régimen.









