En México, la política es tan generosa que lo mismo alimenta a expresidentes que se cotizan como gurús internacionales, que a líderes sindicales momificados en el poder… y a ese espécimen pintoresco: el porro con credencial oficial. No hablamos de un líder nato ni de un estadista frustrado, sino de un perfil clínico que, bajo la lupa de la psicología, encarna el resentimiento hecho ideología.
Su debut en la vida pública es casi un diagnóstico en sí mismo: orinar en una coladera porque no quería pagar siete pesos en un baño público. Ahí, con los pantalones abajo, nació su “carrera política”. Un acto pequeño pero simbólico: incapacidad para asumir la responsabilidad más básica, resistencia a las normas mínimas de convivencia y una pulsión de rebeldía vacía que luego se convirtió en bandera.
Perfil psicológico: manual de un parásito con ínfulas de revolucionario
Hoy, ese mismo personaje cobra más de 100 mil pesos mensuales en la CFE, un total de 1 millón 290 mil pesos al año. Un sueldo de ejecutivo internacional para alguien que jamás ha tenido que probar su eficiencia fuera del aparato estatal. En términos clínicos, estaríamos ante un sujeto con disonancia cognitiva crónica: piensa una cosa, dice otra y hace exactamente lo contrario.












