La reciente prohibición de exportaciones de ganado en pie despertó una fuerte indignación en el sector productivo, y también alzó la voz la corriente liberal que desde hace ya un tiempo viene creciendo en las redes.
Para explicarlo en términos sencillos: un productor puede vender su ganado al frigorífico y recibir el precio que éste le ofrezca. El frigorífico faena el animal y exporta la carne. Cuando el frigorífico es la única opción para el productor, entonces le puede pagar lo menos posible para recibir la materia prima. La exportación de ganado en pie surgió como alternativa competitiva, permitiendo a los productores obtener mejores márgenes y más estabilidad.
Hoy estamos en un momento de mercado muy favorable para la ganadería, con precios que superan los 5 USD por kilo de novillo, cuando lo habitual es menos de 4 USD. El MGAP prohibió la exportación de ganado en pie, dejando atado al productor a un precio que el frigorífico defina y sin poder aprovechar el contexto internacional. Esto opera como un desestímulo en toda la producción.
Estas cosas no sorprenden en un país como Uruguay. El modelo de la vaca atada es parte de nuestra idiosincrasia. Recordemos otros casos similares.












