Bastó que el vicepresidente de El Salvador pisara Montevideo para que el progresismo entrara en pánico. Semanarios militantes, diarios de humor involuntario, senadores con frases de Instagram y académicos con índices suecos salieron a defender lo único que les queda: el relato. Mientras tanto, a los uruguayos los siguen matando a balazos.
Félix Ulloa llegó a Uruguay, se reunió con el presidente, con ministros y con parlamentarios, dio entrevistas y contestó todo lo que le preguntaron. No hizo falta más. En pocos días, la izquierda uruguaya mostró lo que es: un aparato que no tolera que nadie cuestione su monopolio moral, y menos alguien que llega con resultados.
Porque ese es el pecado de Bukele. No es la cárcel ni el régimen de excepción. Es haber demostrado que el discurso que la izquierda latinoamericana repitió durante cuarenta años era mentira.
La prensa militante, en modo pánico
Brecha tituló su nota "Amistades peligrosas". Peligrosas, se entiende, para el relato. Para hablar del vicepresidente de un país extranjero, el semanario de cabecera del progresismo uruguayo consultó como voz principal a su opositor más conocido, Óscar Martínez, de El Faro. Martínez lo despachó como "un político más bien de segunda", y Brecha completó la tarea rescatando un informe del mismo El Faro que lo presenta como un opinador pago. Fuente opositora, conclusión opositora, título opositor. Eso no es periodismo. Es un panfleto con diseño cuidado.
La diaria, por su parte, resolvió el asunto como resuelve todo lo que no puede refutar: con una pieza en su sección de humor. Es la marca registrada de cierta izquierda montevideana. Cuando se le acaban los argumentos, que es casi siempre, se pone a hacer chistes para la tribuna propia.
Y después están los políticos. El senador frenteamplista Eduardo Brenta salió a decir que ni el gobierno ni los uruguayos están dispuestos a un pacto con los narcos, sino a combatirlos. Combatirlos. El mismo gobierno que cerró el primer semestre con la cifra de homicidios más alta desde 2018. Si así es como los combaten, los narcos uruguayos no tienen de qué preocuparse.











