El gobierno apostó todo a un solo caballo. Le ofreció parte de la cuota cárnica, mandó militantes a hacer campaña del otro lado de la línea y ya le tenía preparado un premio con el nombre de Mujica. El domingo, 56 millones de brasileños le arruinaron la fiesta.
En Torre Ejecutiva había confianza. Tanta, que nadie imaginó un plan B. Pero las urnas brasileñas no leyeron los comunicados del MPP: con el 99,99% escrutado, Flávio Bolsonaro obtuvo 56.104.268 votos, el 47,03% de los válidos, contra 53.876.617 de Lula, el 45,16%. Habrá balotaje el 25 de octubre, pero el golpe ya está dado. Hasta el propio Lula reconoció que el resultado fue "inesperado" y admitió que estaba convencido de ganar sin necesidad de un balotaje. En Montevideo, por lo visto, estaban igual de convencidos.
"Gracias, querido amigo"
La entrega tuvo su capítulo más jugoso hace apenas dos semanas. Lula anunció el 21 de setiembre que Uruguay autorizó a su país a usar el excedente de la cuota uruguaya de exportación de carne bovina hacia China, tras un encuentro bilateral con Orsi en Nueva York, en plena campaña electoral brasileña. Orsi respondió en redes con un "Gracias, querido amigo". Un regalo de cumpleaños adelantado, con la carne de los productores uruguayos como envoltorio.
Según fuentes del sector citadas por O Estado de S. Paulo, el volumen ascendería a cerca de 80.000 toneladas, aunque el gobierno uruguayo no confirmó cifras. Lo más gracioso vino después: el ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, dijo desde Roma a Búsqueda que no estaba al tanto del asunto y que eso "sería una novedad". El ministro de la carne se enteró por la prensa de que el gobierno le había ofrecido la carne a Brasil.
El gobierno salió a explicar que se trata de toneladas que Uruguay no va a llegar a usar: la vicecanciller Csukasi explicó que Uruguay cubrió hasta ahora el 31% de su cuota del 2026 y que la decisión final es de China, mientras que Alejandro Sánchez sostuvo que es "materialmente imposible" completar la cuota. Traducido: el gobierno no logró colocar la carne uruguaya, pero sí logró que Lula la colocara por nosotros. Y en el momento justo para que el socio sumara un anuncio en campaña.
"Una cosa sola" con el PT
Mientras el Ejecutivo jura que la relación es "de Estado a Estado", el partido de gobierno hizo campaña abierta para Lula. Según reveló Búsqueda, el despliegue del Frente Amplio se dio en tres niveles: militancia en los cuatro departamentos de frontera con Brasil —Artigas, Rivera, Cerro Largo y Rocha—, un "comité de aguante a Lula" que opera principalmente desde Montevideo, y el acompañamiento de dirigentes frenteamplistas a la dirección del PT durante la jornada electoral. El responsable de relaciones internacionales del FA, Fernando Gambera, lo resumió sin pudor: "Es como si fuéramos una cosa sola" con el Partido de los Trabajadores.
Y el sábado, a horas de la votación, el MPP —el sector de Orsi— sacó un comunicado afirmando que la reelección de Lula "frenaría la intervención directa de Estados Unidos en la región". Los brasileños, al parecer, no compartieron el diagnóstico.
El premio Pepe Mujica, con o sin votos
La fiesta ya estaba organizada. El MPP prepara junto al PT una Jornada Continental en Montevideo entre el 2 y el 4 de diciembre, coincidiendo con la cumbre del Mercosur, con un acto de masas que llene desde la fuente del Parque Batlle hasta el Obelisco. El detalle es imperdible: si Lula es reelegido habrá homenaje; si no, se reconocerá su trayectoria, y está previsto que reciba la primera edición del "Premio Pepe Mujica". El Frente ya tiene listo el premio consuelo.
"No estamos solos" (spoiler: sí)
Antes de la elección, el canciller Mario Lubetkin juraba tranquilidad: "Nosotros no estamos solos", dijo, ante un panorama que podría dejar a Uruguay como el único país sudamericano gobernado por una fuerza política de izquierda. Basta mirar el mapa. Boric ya no está: Kast es presidente de Chile desde el 11 de marzo de 2026. Petro tampoco: Abelardo de la Espriella fue declarado ganador en Colombia para el período 2026-2030. En Perú, Keiko Fujimori derrotó a Roberto Sánchez. Milei en Argentina, Peña en Paraguay. Y si Lula cae el 25, Orsi quedará como Nemo: solo, en una pecera chiquita, buscando a papá.
Este lunes, el presidente intentó despegarse. Pidió no mezclar su amistad con Lula con la relación bilateral y aseguró que "la afinidad no puede interferir en las relaciones entre países". Lo dice el mismo gobierno que ofreció la cuota cárnica en plena campaña y cuyo partido mandó militantes a la frontera. La afinidad no interfiere: la afinidad es la política exterior.
La oposición pasa factura
El secretario general colorado Andrés Ojeda calificó el alineamiento con Lula y los presidentes salientes de la izquierda regional como un gran error desde el primer día. Robert Silva acusó al gobierno de volver a equivocarse al manejar las relaciones internacionales según afinidades ideológicas, y el blanco Javier García apuntó contra el MPP. Sebastián da Silva lo resumió en una palabra: "bolsonarazo".
La cuenta la paga el país
Detrás de la militancia está la billetera. Según Uruguay XXI, las ventas a Brasil alcanzaron 200 millones de dólares en setiembre, el 14% de las exportaciones de bienes, solo detrás de China, y Brasil fue el mayor comprador de lácteos uruguayos, con el 38% de las colocaciones del sector. Ese mercado puede quedar en manos de un gobierno al que el oficialismo uruguayo le hizo campaña en contra.
Quedan tres semanas. Lula todavía puede dar vuelta la elección. Pero Orsi ya hizo su apuesta: puso la carne, la militancia y el premio en la misma canasta. Si el 25 de octubre sale mal, no va a poder decir que nadie le avisó.