Óscar Andrade salió a decir que los barrios privados “generan una tragedia urbana”. Según el senador del Frente Amplio, la gente que decide vivir detrás de un muro y un control de acceso está profundizando la segregación y quebrando la ciudad. La frase tiene ese tono moralista tan característico de cierta izquierda: habla como si estuviera defendiendo a los pobres mientras señala con el dedo a quienes simplemente se cansaron de esperar que el Estado les garantice lo más básico.
Lo primero que hay que decir es lo obvio. Nadie se muda a un barrio privado porque odia a los vecinos del barrio de al lado. La gente se muda porque le robaron el auto, porque le entraron a la casa, porque le asaltaron al hijo camino al colegio o porque simplemente se hartó de vivir con el corazón en la boca cada vez que suena el portero eléctrico. El barrio privado no es la causa de la inseguridad. Es la consecuencia.
Durante décadas el Frente Amplio gobernó Montevideo y el país con una filosofía muy clara: la delincuencia se combate con “inclusión”, con “políticas sociales” y con una dosis generosa de relativismo moral. El resultado está a la vista. Barrios enteros se convirtieron en zonas liberadas. Las balaceras pasaron a ser parte del paisaje. Los comerciantes bajan las persianas más temprano. Las madres calculan horarios para no sacar a los niños después de cierta hora. Y cuando alguien tiene la posibilidad económica de protegerse, aparece un senador a decirle que está generando una tragedia urbana.










